domingo, 22 de enero de 2012

VIERNES 13 (1980)

En la larga lista de psicópatas que el cine nos ha ofrecido en las últimas décadas, no podemos pasar por alto uno de los más prolíficos de todos (con el permiso de Freddy Krueger) y el que probablemente haya liquidado a más adolescentes que ningún otro en pantalla. Hablo del niño ahogado que se venga de sus irresponsables monitores de campus en un viernes y 13, Jason Voorhees.
Con más de una decena de secuelas a sus espaldas, otras tantas parodias (la más original, una titulada "Sábado 14") y un innecesario y pobre remake en 2009, han sido suficientes para empañar la que originó toda esta vorágine del terror juvenil americano.
Influenciado por la excelente aportación de John Carpenter al género dos años antes con su "La Noche de Halloween", el neoyorkino Sean Cunningham prolongó la fórmula que tan bien funcionó con aquella pero aportando pequeñas alteraciones de guión. La idea no era otra que crear un psycho-killer de penumbra, atroz y despiadado sin más que hiciera sentir al público verdaderos escalofríos en la butaca y experimentar en primera persona la carnicería que sucedía en pantalla al vulnerable e inocente grupo de jóvenes monitores.
Pero sumerjámonos nosotros también en la escabechina del campus de New Jersey y veamos que sucesos narra el film.
Un grupo de jóvenes responsables del campus veraniego Crystal Lake están ultimando los preparativos para la reapertura de las actividades, pero lo que no se imaginan es que alguien no está del todo de acuerdo con esa decisión. Años antes, un joven murió (¿o no?)ahogado en el lago del lugar por negligencia de los cuidadores, lo que provocó el enfado de nuestro asesino y buscará de nuevo su venganza personal como ya sucedió esa vez. En el transcurso de una sola noche, viviremos consecutivamente los asesinatos del grupo de "scouts" (a cada cual más hostiable, por cierto) y asistiremos a una matanza sin límite de un asesino tan sanguinario como diestro en sus hazañas (se las ingenia con todo tipo de armas, desde flechas a hachas, pasando por el clásico cuchillo). Este panorama tan amontonado de tópicos ya en nuestros días, supuso algo novedoso a principios de los ochenta y seria el verdadero pistoletazo de salida para proyectos de similares características. Para el que disfruta con el género (culpable) representa un clásico indiscutible, dentro de sus limitaciones, como no, pero dignamente construido y precursor de las comentadas reglas del cine de horror, tales como que la pareja que tiene sexo siempre es presa fácil, que no hay que separarse del grupo o te matarán seguro o que el coche no arrancará más, y evidentemente estando a kilómetros de distancia de ningún sitio y claro, sin cobertura.
En el film de Cunningham, ese torpedeo de reglas están presentes y no hay quién se salve de ellas, pero utiliza varios distintivos menos usados, como una posible protagonista femenina (por ambos bandos), un factor musical precursor de una atmósfera malsana o incluso que casi nos pongamos de parte del asesino en algunos momentos, de insufribles que llegan a ser las víctimas.


Las interpretaciones del reparto son escandalosamente malas, indignas de tal obra y carentes de mayor relevancia, siendo el aspecto más descuidado del film. El papel de Betsy Palmer fue incluso nominado a los Razzie (los anti-Oscars) con todo merecimiento, y ni tan siquiera un novato Kevin Bacon sale bien parado con su aportación, todas tan caricaturescas como incompetentes.
El factor sorpresa tiene cabida en esta primera parte de la saga, y mucho me temo que su desenlace final no será el prefabricado que ahora mismo tenéis en mente, por lo que el que se anime con ella, verá algún que otro giro reconfortante.
También hay tiempo para los auto homenajes de Cunningham (el cartel de su película anterior decorando una pared), improvisaciones de guión (una serpiente que se coló en realidad en la tienda del guionista es usada en pantalla, y además, mutilada sin trucos) o un repertorio amplio de efectos gore firmados por Tom Savini, reconocido especialista y hoy en día de culto.
Viernes 13 nos ofrece en definitiva, una buena dosis de psicópata al uso, sangre adolescente por doquier, gritos de pánico en la oscuridad y tormento ajeno, todo envuelto en una atmósfera deliciosamente inocentona y menos escabrosa de lo que hoy en día nos tienen acostumbrados.
Una joya de género capaz de marcar un antes y un después en el tono de las horror movies venideras y que poco o nada tiene que ver con sus decadentes secuelas, que exprimen los aciertos de ésta para sangrarle inmerecidamente, por irónico que esto suene.

sábado, 21 de enero de 2012

DRAGON, LA VIDA DE BRUCE LEE (1993)

Fielmente basada en el libro "Bruce Lee: The man only i knew" obra de la esposa del mito Linda Lee. La película consigue adaptar en toda su esencia el contenido más significativo de la vida de éste y lo traduce al lenguaje cinematográfico de la mano de un novato Rob Cohen (en su primera y mejor obra hasta la fecha, por cierto), saliendo airoso de tan difícil tarea.
Todos conocemos en mayor o menor medida las hazañas del mejor artista marcial de todos los tiempos, ya sea por su destacado protagonismo en películas de género o por su peculiar filosofía marcial, pero quizás muchos no sepan que sufrió un rechazo racial toda su vida, que tuvo que combatir (literalmente) por sus ideales o que sufría fuertes dolores derivados de sus importantes lesiones medulares.
El film da comienzo en la ciudad de Hong Kong, en el año 1949, donde un joven Bruce Lee no es más que un chico temeroso de leyendas sobre demonios del pasado (parecido un poco a nuestro hombre del saco pero en versión samurai), que ansía aprender las artes marciales para poder protegerse de sus miedos internos.
Ya desde muy joven, demostraba un nivel de aprendizaje fuera de lo común y unas aptitudes para la lucha realmente asombrosas, por lo que su devenir era más que prometedor en ese terreno. Tras un desafortunado percance en una fiesta ya de adulto (la escena es tan bobalicona como imperdonable), debe abandonar Hong-Kong huyendo de la policía y acaba por viajar a los Estados Unidos. Bruce ya tenía cierta predilección por ese país (con un poster de James Dean en su habitación para que nos quede claro), por lo que el esfuerzo ahorrador de su generoso padre para hacer realidad su sueño está más que justificado (no seguiré sin comentar que la película, hasta este momento, no nos seduce demasiado).
Una vez en San Francisco, comenzará a estudiar, a trabajar en un restaurante y a sufrir los primeros azotes de racismo, que asombrosamente contrarrestará con una actitud filosófica sorprendente, la cual incluso acabará enseñando a los mismos que le provocaban. Es cuando decide divulgar sus habilidades a occidentales abriendo un gimnasio cuando surgen problemas con la gente de su propia nacionalidad. El sector chino no admite que el kung-fu se propague indebidamente por otros países y le obligará a batirse en duelo marcial con otro luchador de gran calibre, a lo que Bruce no le queda otra que aceptar.
Consigue demostrar su superioridad, pero sale malherido del combate, por lo que su trayectoria siempre se verá afectada por dicho enfrentamiento.
A partir de ahí, continuará su perfeccionamiento de las artes marciales, comenzará su trayectoria cinematográfica hasta convertirse en el actor chino más conocido de la historia del cine y editará su famoso libro sobre el Jeet-Kune-Do, el arte marcial que engloba sus enseñanzas (el cual nunca llegó a ver editado en la vida real, no como nos cuentan en el film).
Pesadillas, supersticiones, accidentes, éxitos y fracasos se darán cita en la corta vida del oriental más carismático que hayamos podido ver en pantalla, considerándolo el más grande maestro de artes marciales jamás filmado.
Su filmografia hubiese podido ser mucho más extensa de no haber sucumbido a un fármaco que le provocara la muerte en julio del 73, víctima de un edema cerebral.


El film de Cohen recoge esto en un biopic con toques demasiado dramáticos y que pincela sin demasiada rigurosidad la verdadera existencia de Bruce, inevitablemente plasmada por las palabras de su mujer y priorizando aspectos de su vida, tal vez, menos relevantes (la relación con su suegra, una chulería made in america en exceso ensalzada o su época de "citas" adolescentes) y olvidando otros de mayor interés (sus combates callejeros de pequeño, sus líos con la Triada o sus obsesiones con la perfección de su arte), que aquí pasan totalmente inadvertidas.
Su puesta en escena resulta, a lo sumo, meritoria, con un actor principal muy apropiado (Jason Scott Lee, que provenía del mundo de la danza y que se instruyó en las artes marciales a fondo para ser creíble) pero con un ritmo narrativo a lo telefilm que no molesta en ningún momento al espectador pero que no es capaz de sumergirnos en épocas o situaciones, quedándose a las puertas de ser un "docudrama" imperfecto. Acompañada de un banda sonora muy disfrutable (uno de los mayores encantos del film), y unas coreografías de lucha bastante formales (lejos de acrobacias imposibles, aunque con exceso de estupidez en la odiosa escena de la fiesta) la película no aprovecha sus enormes posibilidades argumentales y se limita a ser un film biográfico sin más, desencantando al seguidor de Lee y entreteniendo al resto, por lo que su público se ve reducido significativamente.
En ningún momento compartimos los miedos del protagonista o entendemos sus frustraciones, y eso se debe a un film epidérmico incapaz de transmitir más emociones que no sean un par de puñetazos y unas patadas.
En fin, un Bruce Lee casi hercúleo (le sobran unos kilos de músculo al bueno de Jason Scott) en una enmarañada trama que picotea de mucha información sobre su vida pero que no se centra en ninguna, quedándose en el umbral de una propuesta que prometía mucha más densidad cinematográfica de la que al final hace gala.
Una cinta distraída pues que no pasa de ser el único biopic con cara y ojos de Bruce, que a falta de pan....

viernes, 20 de enero de 2012

EL MINISTERIO DEL MIEDO (1944)

Stephen Neale (Ray Milland) por fin abandona el sanatorio mental de Lembridge, tras un par de años confinado, para comenzar una nueva vida en el Londres de la Segunda Guerra Mundial.
Mientras espera el próximo tren hacia la capital, encuentra una feria cerca de la estación y decide entrar para distraerse, respirar aire nuevo y relajarse. Uno de los entretenimientos que allí encuentra es un juego donde tratas de averiguar el peso exacto de un pastel, que si determinas correctamente, te acabas llevando.
Stephen no se lo agenciará a la primera, pero tras la inesperada ayuda de una intranquila tarotista, conseguirá el peso exacto, haciéndose con un pastel que esconde más de un secreto.
Pronto descubrirá que se ha llevado por error un objeto de incalculable valor estratégico para los nazis, comenzando de esta manera un calvario personal repleto de asesinatos, espionajes y acusaciones hacia su persona, de la que deberá librarse si quiere salir con vida del entuerto.
Dirigida por el cineasta austríaco Fritz Lang, esta  "Ministry of fear" no destacó por ser una de sus más aclamadas obras, pero sin duda encierra el suficiente encanto cinéfilo como para ser rescatada del olvido.
Argumentalmente lineal (seguiremos siempre una única trama en primera persona al lado de Stephen), su mayor encanto radica en una ambientación cercana a lo irreal, como si en todo momento se tratara de un posible sueño psicótico del protagonista. Escenarios con un extraño aroma bélico (la zona de bombardeo del principio del film) casi poéticos, son compatibles con otros mucho más sobrios e incluso con alternativas sesiones de espiritismo de alta clase social.
Sin demasiadas pretensiones intelectuales, el film de Lang seduce más por su sencillo entramado de intriga que por ser un thriller tan eficiente como en él era costumbre, consiguiendo ser un honroso hermanito menor dentro de su irrepetible filmografía.
La interpretación de Ray Milland (escogido entre otras cosas por ser auténticamente británico) no llega a ser fascinante, y consigue que por momentos se diluya nuestro interés por la trama, desdibujándose un poco en su parte central.
Su previsible historia amorosa tampoco logra traspasar la pantalla, convirtiéndose en un mero trámite del género que trata, sin más relevancia cinematográfica y convenciéndome de que es uno de esos detalles "sugeridos" por la Paramount para afianzarse un público más numeroso. Su objetividad sobre el nazismo o sus relativamente simples pistas en el entramado hace pensar en los remarcados límites de filmación que tuvo que aceptar el austríaco para poder llevar a cabo el film, resultando de fabricación casi industrial. Tal vez encierre un mensaje oculto entre el sanatorio donde Stephen estaba al inicio del film, en absoluta tranquilidad y sosiego (o sea, en paz) y el mundo real donde es liberado, sumido en un verdadero caos bélico del que nadie se libra (guerra), siendo una metáfora muy irónica entre el verdadero significado de la libertad, física o emocional de un individuo acusado de inestabilidad psíquica.
Divagaciones personales aparte, la película funciona en su cometido de manera notable, con un agradable visionado mínimamente empañado por puntuales altibajos (no de guión, sino de realización), pero con un arreglo final que consigue contentar al espectador, que sale de la función entendiéndolo todo, en estado de absoluta complacencia.
En definitiva, estamos ante un trabajo que se sitúa por debajo de las grandes obras del maestro pero que conserva un propósito claro, llegar a hacer buen cine aunque sea con las manos medio atadas y con un tema tan prohibitivo como era el nazismo, sin llegar a la crítica directa pero con cierto aire provocador. Recuperadla, vale la pena sacar nuestras propias conclusiones hacia ella y vivir su atmósfera.

jueves, 19 de enero de 2012

LUTHER (2010) - SERIE

John Luther (Idris Elba) ha pasado 7 duros meses apartado del servicio como Oficial de Investigación de la unidad de crímenes de asesinos en serie y casos difíciles. El último caso al que tuvo que hacer frente fue demasiado para él, suponiendo un antes y después tanto para su vida profesional como privada. Un caso especialmente complicado yendo detrás de Henry Madsen, un psicópata despiadado que se dedicaba a secuestrar niñas para dejarlas emparedadas con un suministro de oxígeno limitado. Habiendo sido finalmente acorralado por John y colgando a punto de caer al vacío, le exige la confesión del lugar donde está la última de sus víctimas como condición indispensable para ayudarle a subir, sin embargo a pesar de lograr esta información y permitir que su equipo salve a tiempo a la pequeña, John le deja caer sin inmutarse.
Un acto que tendría duras consecuencias, primero para su psique, quedando afectado por el hecho de haberse saltado las normas que un buen policía como él nunca debería dejar de lado, denegando la ayuda incluso a un criminal del todo aborrecible, llegando a estar ingresado en la unidad de psiquiatría del hospital para superar este trance; en segundo lugar para su carrera como policía, pues Henry Madsen permanece en coma tras la caída y la junta de investigación está pendiente de si se recupera para poder interrogarle y ver si es necesario aplicarle una medida disciplinaria a John que podría llegar a significar su expulsión del cuerpo; y para acabar, la relación con su mujer Zoe (Indira Varma) ha quedado mortalmente dañada con una pérdida de confianza total entre ambos mientras John ha estado alejado de todos, en ese periodo su mujer ha intentado rehacer su vida con su nueva pareja Mark (Paul MGann), un hecho que traerá cola.
Con este panorama John se reintegra a sus funciones, y el primer caso al que debe hacer frente no le ayuda que podamos decir a lograr la estabilidad que tanto necesita, ganándose una nueva y peligrosa enemiga con la que les unirá un vínculo de admiración-amor-odio que le incomodará a lo largo de la serie y que dará mucho juego, una pelirroja de nombre Alice, encarnada magníficamente por Ruth Wilson y que es un contrapunto interesante con Luther.


La serie nos permite ir viendo los diferentes casos a los que John y su equipo deben hacer frente, toda una sucesión de asesinos en serie y peligrosos criminales que amenazan la seguridad de los ciudadanos. Muchos de ellos escaparían de la mano de la justicia de seguir los protocolos policiales establecidos, pero afortunadamente John Luther no es un buen tipo, falsea pruebas si hace falta, no es simpático ni inocente en absoluto, pero atrapa a los culpables. Si algo ha aprendido en estos largos meses de exilio es que lo imprescindible es sacar de en medio a estos energúmenos, y los remordimientos y consecuencias por saltarse las normas ya se verán luego. Respetado por sus compañeros de trabajo por su inteligencia, su pasión por el trabajo que hace o lo metódico que es, a pesar de los graves problemas que tiene para controlar una ira que espera agazapada para despertar violentamente (casi en cada episodio se carga su despacho).
Se agradece el tono realista de los guiones, alejados de la fantasía autocomplaciente de la sobrevalorada CSI, pero sin llegar a ser un realismo excesivo que lastre el entretenimiento, dando cabida a un cierto humor negro que combina perfectamente con unos diálogos brillantes. Muy acertadamente la trama no está estirada de forma artificial como suele ocurrir en las series americanas, y las dos temporadas que se han emitido constan de 6 y 4 episodios respectivamente, logrando así condensar la acción y desarrollo de los personajes de una manera muy equilibrada. La primera temporada es un ejemplo magnífico de buen ritmo, un guión brillante y una buena dosis de tensión de la mano de un grupo de actores que está a un gran nivel. Siendo Idris Elba el que sobresale por encima de todos, no por casualidad se ha llevado el Globo de Oro como mejor actor de una serie los dos últimos años por este papel. El resto del reparto no desentona, tanto Guv su jefa o su compañero Justin Ripley saben aguantar el tipo ante la actuación de Idris, y los malos están bien elegidos, siendo variados e intrigantes cada uno a su manera. 
La segunda temporada siendo buena, que lo es, no puede llegar a las cotas de su predecesora (que logra en su último episodio que no nos atrevamos ni a parpadear una sola vez) y tal vez nos deja algo menos satisfechos, pero mantiene el tipo con un clímax final de gran intensidad y que deja las puertas abiertas a su continuación, pero que en caso de no hacerlo en mi opinión queda bien resuelta y no tendríamos la sensación de que está incompleta.
Una gran serie que alberga sorpresas y unas buenas horas de placer para todos los amantes de las tramas policiales, no la dejéis escapar.


miércoles, 18 de enero de 2012

PLANETA PROHIBIDO (1956)

"Forbidden Planet" puede alardear de ser un referente indiscutible dentro del cine de ciencia-ficción de los últimos 40 años, convirtiéndose en precursor de múltiples filmaciones legendarias de la talla de Star Trek o incluso de la prestigiosa saga de George Lucas.
Concebida desde un inicio como pura serie B, acabó destacando tanto ante sus competidoras coetáneas que cosechó un éxito sin precedentes en dicho género cinematográfico, alzándose como la propuesta más esperanzadora para los amantes de la sci-fi en la década de los 50/60 y elevada a categoría de culto ya en nuestros días.
A nivel personal, mucho había oído hablar acerca de dicho film pero parecía que nos esquivásemos mutuamente, ya que iban pasando los años y jamás nuestro camino se llegaba a cruzar (ni por TV ni en el videoclub), y he tenido que esperar a tener más de 34 primaveras para al fin tener la oportunidad de sentarme a verla.
El momento llegó y mis conclusiones han acabado derivando un poco de las expectativas creadas hace tantos años (como suele pasarnos).
La inmensa repercusión que logró, sin duda, es digna de alabar y aplaudir, pero no por ello mi humilde valoración hacia ella debe verse afectada por el revuelo posterior a su estreno o por lo que indudablemente, luego llegara a conquistar. Su visionado, sin estruendos históricos de por medio, me ha resultado un tanto irregular, por culpa de su caprichosa mixtura entre genialidad e ingenuidad, (que no acaba de funcionar tan bien como podría) por lo que todo indica que fue esclava de su propio éxito, sin saber muy bien que realmente era innovadora.
Relata la historia del comandante Adams (un Leslie Nielsen de 30 años con cabellera oscura) y su tripulación espacial, enviados mediante misión intergaláctica a investigar la situación actual de un planeta colonial extrañamente silencioso.
Al aterrizar, serán inicialmente recibidos por Robby, un robot de asombrosa tecnología, insólitamente avanzado, creación de un misterioso y otoñal Dr. Morbius (Walter Pidgeon idóneo en su papel), que les acompañará al moderno recinto donde habitan los dos únicos supervivientes del planeta, el doctor y su provocativa hija Altaira
Tras un recibimiento lógicamente un poco hostil por parte del Doctor (el cual lleva años recluido en su inexpugnable fortaleza) éste les anticipa que la situación allí está en orden y que no hay porqué alarmarse.
También les desvelarán que todo el planeta fue desolado años antes por un enorme y transparente ser monstruoso, y que ahora tan sólo está habitado por la extraña pareja padre-hija, ambos bajo la protección del asimoviano androide Robby.
No será hasta pocos días después que se desvelará el misterio de sus insólitos avances tecnológicos, procedentes de unas muy evolucionadas culturas anteriores y de las cuales el doctor no parece querer compartir con nadie.


La película, vagamente basada en "La Tempestad" de Shakespeare (trasladando la original isla desierta aquí a un planeta desolado y el estudio de la alquimia de aquella en avances tecnológicos en esta, también acaparados por un retirado hombre cultivado), consigue una atmósfera muy peculiar que no sólo se traduce en decorados o montajes, sino en la capacidad de jugar con pocos escenarios para envolver la historia de un aura propia, significativamente desconocida para el espectador de la época.
Lo más destacado de la cinta, sin lugar a dudas, es su estética original, con un carismático robot central (luego protagonista de su propia serie de televisión), un vestuario más que apañado (aunque los modelitos de Altaira acaben irritando) y una ingenuidad artística coral muy agradable.
A nivel argumental, no consigue mantener un interés más allá de su primera parte, pues se ve asaltada por elementos románticos forzados (una relación que nadie se la cree) o efectos visuales mínimamente convincentes (obra de la Disney, con incluso nominación a los Oscars incluida) pero sabiendo retomar el vuelo en su último tercio y acabando por resultar de algún modo satisfactoria.
Unos temas musicales plenamente electrónicos obra de Louis Barron y Bebe Barron, la convierten en el film pionero de esta causa, pero se hace irremediablemente insoportable hoy en día (sintonías repetidas hasta el hartazgo dignas de tortura), tan sólo digeribles para tímpanos previamente convencidos.
Por otro lado, la presencia tan apuesta de Pidgeon en pantalla (recordemos que rozaba el 1,90m, tan adecuada para un propósito Shakesperiano) y las imágenes Kistch que de ella se desprenden, me obligan a inclinar la balanza positivamente, pese a estar por debajo de mis iniciales impresiones.
En todo caso, sin duda representó un gran paso adelante en la ciencia ficción y un punto de inflexión en la historia de cine, que se sirvió de esta obra para inspirar tantas otras joyas del género, y eso, se lo debemos agradecer.

martes, 17 de enero de 2012

PHENOMENA PROGRAMA DOBLE SORPRESA

En el blog desde hace poco hemos incorporado una sección específica para el Phenomena (ver logo en el lateral izquierdo), para los que todavía no sepáis de que se trata, deciros que es una fantástica iniciativa que arrancó hace poco más de un año de la mano de Nacho Cerdà y su equipo, quienes han decidido recuperar el formato que tan popular fue hasta hace unos años mediante la sesión doble, sacando a relucir grandes clásicos del cine de los 70, 80 y 90. Si entráis en la web podréis ver algunos de los títulos que ya han tenido cabida aquí o en Madrid. Entre otras Robocop, Alien el octavo pasajero, Indiana Jones en busca del arca perdida o Tiburón, casi nada...
La noche de Reyes fue muy especial para 1800 fieles seguidores que nos dimos cita en el Cine Urgel de Barcelona, atraídos como hordas de hambrientos zombies que han olido un jugoso cerebro, la gente se agolpó en la entrada del cine desde varias horas antes para asegurarse poder coger unas buenas butacas desde donde disfrutar de una sesión doble sorpresa. Sí, lo habéis leído bien: sorpresa. Nadie salvo la organización sabía qué películas se iban a proyectar. Esto no fue ningún obstáculo para reunir a semejante marabunta de gente que no falló a una cita que para mi gusto fue de lo mejor que uno puede ver en una noche tan especial.
Aquí os dejo el enlace del reportaje que hemos hecho del PHENOMENA PROGRAMA DOBLE SORPRESA y del resto de sesiones a las que hemos asistido.

lunes, 16 de enero de 2012

ALMAS OSCURAS (PROWL) (2010)

Una nueva cinta de horror adolescente concebida para el festival After Dark HorrorFest norteamericano, un evento anual que acoge diferentes propuestas de terror con grupito de imberbes asesinados brutalmente de por medio (¿es necesario un tema tan recurrente?) y que da la oportunidad a nuevos cineastas para presentar sus proyectos a lo grande.
En esta cinta del noruego Patrick Syversen (financiada con dinero americano), se nos muestra una vez más, la sempiterna historia de matanza juvenil pero con un aliciente más o menos de moda, los vampiros.
La historia nos presenta a Amber, una linda rubita que sueña con irse a Chicago y así escapar de Famfield, su pequeño y limitado pueblo natal. Su vida es un desastre, con una madre alcoholizada debido a la muerte de su padre (una escena muy boba esa) y unos amigos que parecen no entenderla, tratándola incluso de friki.
La joven y angelical Amber necesita salir pues de ese lugar como si de una llamada interior se tratase, y canaliza sus energías demostrando una gran resistencia para el running (va más rápido que sus amigos con coche....sic).
Cierto día acaba convenciendo a su grupo de amigos para que le lleven a Chicago, ya que debe dar la paga y señal de un apartamento antes que se lo quiten, pero el coche se les avería nada más salir del pueblo (simbolizando un mal presagio) y un misterioso camionero acaba por ser la única vía posible de llegar a la gran ciudad. Como era de suponer, las intenciones del sospechoso conductor no eran caritativas que se diga (si es que todos lo sabíamos menos ellos...), y los acaba vendiendo como presas para un hambriento grupo de vampiros mutantes que cazan a sus anchas en un viejo matadero.
Amber descubrirá su verdadera naturaleza y todo cobrará sentido en su vida (que no para el espectador, lamentablemente). Como ya podéis advertir, se trata de un film repleto de tópicos entrelazados entre sí, filmada con cierta gracia efectista, pero insuficiente como para satisfacer bocas mínimamente entrenadas. De entrada, la idea no es nada original y la sensación de -ya visto- la conservamos hasta el minuto final, que es realmente donde nos quitamos la venda y nos damos cuenta del bodrio que hemos visto (creedme que hay cierta intriga acerca de la verdadera naturaleza de esos seres, suficientemente engañosa como para mantenernos despiertos).
No aporta nada al género del terror, sus personajes son patéticos (ninguna psicología despierta interés) y carece de solidez argumental salvable, alimentada además por una filmación mediocre en lineas generales (sobre todo en rodaje de interiores).



Incongruente consigo misma, recurre a un final teóricamente sorpresa que nos sonroja de vergüenza ajena más que otra cosa y consiguiendo ser, en definitiva, un pastiche de terror suave con demasiados litros de maquillaje.
El otro lado de la moneda es que su eficacia cinematográfica está diseñada para proyectarse en pantalla grande y en compañía de espectadores palomiteros, ya que contiene sobresaltos de butaca y briznas de gore facilón, de consumo engullible por el gran público.
Su duración es adecuada, (80 ligeros minutos), perfecta para no sacarnos de quicio y verla en perspectiva como si de un corto estirado se tratase, rozando ser una birria pero de aspecto menos irritante de lo que cabría esperar, resultando casi como una broma amateur sin mucha gracia.
Mucho me temo que pocas ofertas le lloverán al noruego Syversen tras este soso proyecto, que ni demuestra maneras ni luce personalidad, quedándose en el grueso montón de cintas directas a videoclub que acumulan polvo.
Lo dicho, una película irregular de argumento simplón que desquiciará al cinéfilo más inflexible y medio saciará al atrevido que decida verla. Personalmente no me ha resultado un peñazo (a veces incluso distrae) pero si denota demasiada falta de oficio y repite fórmulas de manera descarada.
Los vampiros antes citados (merodeadores sería más exacto) recuerdan más a saltarines del Cirque du Soleil que a los supuestos cazadores de sangre, pero eso evidentemente, es según la percepción de cada uno.


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