lunes, 20 de agosto de 2018

FLASHMAN CONTRA EL HOMBRE INVISIBLE (1967)

Es el turno de abordar uno de los títulos italianos sobre encapuchados estrafalarios más divertidos de cuantos se llegaron a filmar a finales de la década de los 60.
Plenamente consciente de sus referentes tebeísticos y por fortuna bastante desmadrado, "Flashman contra el hombre invisible" se convierte en todo un disfrute sensitivo a muchos niveles, una especie de hermano menor alocado de la formidable Diabolik de Mario Bava que termina por ser una comedia ejemplar para el subgénero al que obedece, el fumetti neri.
Estrenada en la primavera de 1967, sin duda el año con mayor número de producciones sobre justicieros playboy con capa y antifaz, Flashman está considerado por algunas fuentes como el primer superhéroe del cine italiano, mezcla disparatada de los iconos de DC Superman y Batman, obvios referentes, pero pasados por el siempre bienvenido túrmix transalpino.
Echando más leña al fuego, se atreve además a ser una versión de la novela de H.G.Wells "The Invisible Man", dándole dos vueltas de tuerca y llevándose la trama al puro gag, conjugando elementos con la suficiente habilidad y tino como para resultar endemoniadamente entretenida.
En un laboratorio de Londres, el profesor Philips logra al fin la pócima de la invisibilidad, para segundos después ser asesinado a sangre fría por un gánster de poca monta llamado Kid. El objetivo del criminal es robar en el banco de Irlanda sin ser visto, pero allí también lleva a cabo sus diabluras la encantadora Alika, una ladrona que junto a su séquito de hermosas (pero implacables) cómplices, metían mano en la caja de forma habitual.

Su carta de presentación
Alika, con su "atuendo carcelario", notando la pantorrilla del hombre invisible....
El intrépido Flashman (un Lord de sangre azul llamado Alex Burman que combate el crimen por aburrimiento), se sumará a la fiesta y tratará de evitar que ambos frentes se salgan con la suya, primero con el robo a la entidad bancaria y después con un objetivo aún más ambicioso, un maharajá conocido por ser el hombre más rico del mundo, que se encuentra de viaje en Beirut y al que pretenden arrebatarle su inmensa fortuna.
El mayor acierto de Guglielmo Loy (J. Lee Donan para la ocasión), fue conseguir que su película tuviese en todo momento una agradable sensación de transparencia, pues es del todo honesta y se regodea en el humor hasta las últimas consecuencias, exagerando los tópicos y destapando con gracia las costuras de modelos previos. Aquí nadie quiere ni dominar ni destruir el planeta, solo forrarse; el héroe, además de ser un caprichoso millonario con mayordomo y demás lujos, es directamente de la realeza (¡¡esa llamada a la mismísima Reina Isabel!!); va acompañado de una mujer, en efecto, pero es su hermana menor yé-yé, y sus habilidades van en función de la hazaña que toque superar, sumando destrezas a medida que avanza la trama.

¿Quién? ¿Yo?
Siempre tan gentil, Flashman trata de hacer el bien
Otro punto inesperadamente divertido son los trucajes, pues pese a verse casi siempre el recurso, ya sean cables, hilos de pescar, trampas de encuadre, maquetas o muñecos, bien mirado resulta coherente tanto con el tono como con el propósito de la cinta. En esta ocasión, el disfraz con chaleco antibalas incluido recayó en un aplicado Paolo Gozlino (Paul Stevens 1929-1992), coreógrafo de baile y habitual en programas de televisión que sin ser nada del otro mundo, supo convertir sus limitaciones interpretativas en pequeños aciertos, poniendo al servicio del personaje su inexpresiva cara y sus ojos azules con tal de parecer inalterable ante las adversidades.
Al tratarse de una co-producción franco-italiana, el desmelene llevó consigo algunos ingredientes galos. La citada Alika (la ex-modelo belga Claudie Lange), con menos minutos que su compañero enmascarado, sin duda era un personaje más interesante, maquiavélica y perspicaz, además de aportar belleza al entuerto. El detective Baxter por contra, una suerte de Poirot enloquecido, lo encarna el francés Jacques Ary (1919-1974), tan exagerado y sobreactuado que extenúa, pero que acaba por ser inolvidable.
Remarcable pues como comedia que logra conjugar elementos multigénero (incluso el slapstick), que comprende muy bien el terreno que pisa y que pese a ser esclava de su propia naturaleza como producto de temporada de serie-B, consigue ser asombrosamente amena. En definitiva, que supo como ninguna extraer el espíritu cómico de este tipo de producciones, y yo que lo celebro.
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