domingo, 11 de agosto de 2013

OBLIVION (2013)

Si uno se detiene a buscar información acerca del director Joseph Kosinski, sorprende descubrir que cuenta con una corta trayectoria a sus espaldas. En 2010 arrancó su carrera con Tron Legacy, la continuación -o pseudo remake según se mire- de todo un clásico de la ciencia ficción como es Tron (1982). Esto no ha impedido que haya sido elegido, en el que ha sido su segundo trabajo, para dirigir un blockbuster con una de las grandes estrellas de la meca del cine, Tom Cruise, y que adapta un guión del propio Kosinski basado en una novela gráfica de tan solo 15 páginas.
La historia nos sitúa en un escenario bastante habitual en los últimos tiempos, un futuro post apocalíptico en el que la humanidad se ha visto llevada a la extinción o casi. De esta forma nos encontramos en el año 2077, ya han pasado más de 50 años desde que la Tierra sufrió un ataque alienígena a escala mundial. Una contienda de la que la humanidad salió vencedora, pero pagando un alto precio al haber tenido que arrasar el planeta para liquidar al invasor, dejándolo practicamente inhabitable.

Jack observando como las extractoras se llevan el agua de la Tierra
Victoria dirigiendo a Jack desde la base
La humanidad ha evacuado la Tierra para dirigirse hacia Titán, una de las lunas de Saturno, un nuevo hogar donde empezar de nuevo. Jack Harper (Tom Cruise) junto a Victoria (Andrea Riseborough) son los últimos humanos en la superficie terrestre, encargados de vigilar la última fase de una operación para extraer los recursos vitales del planeta, guiados desde la base espacial Tet. Sin embargo su misión está continuamente amenazada por los últimos invasores supervivientes...
Tras terminar de ver Oblivion, he de reconocer que me ha quedado un buen regusto, en parte porque no había depositado en ella muchas esperanzas después del fiasco que supuso para mí el anterior trabajo de Cruise, o sea Jack Reacher (2012). Igual me ocurrió con Prometheus (2012), vilipendiada por una gran mayoría y cuando me senté a verla no me pareció tan desastrosa, mejorable sí, pero decente y entretenida. Pues esta misma sensación me ha quedado hoy con un film que tiene puntos cuidados con mimo y otros que caen en el cliché tantas veces usado.

Reparando uno de los drones derribados por los carroñeros
Si nos detenemos a repasar sus mejores bazas, destacaría su impecable diseño visual, desde las naves, los drones, vestimentas, armas o la base desde donde Jack y Victoria llevan a cabo su misión, con un impecable y aséptico diseño de interiores que puede recordar ligeramente a Gattaca (1997). Se nota que en este aspecto se ha querido buscar un equilibrio entre alta tecnología y verosimilitud, y a mi parecer lo han logrado. Otro aspecto que me ha encantado es la música, con toques electrónicos, y que dota a las imágenes de una gran intensidad.
El tándem formado por Cruise y Riseborough funciona, él está más soportable que en otras producciones mucho más megalómanas que ha perpetrado ultimamente -ese insufrible súper hombre llamado Jack Reacher- y ella logra darle ese contrapunto tan frío que a veces nos hace pensar que es un androide (tranquilos, no es un spoiler). Julia (Olga Kurylenko) es el tercer personaje que entra en juego y cuya aparición supone un punto de inflexión tras unos 40 primeros minutos realmente conseguidos, donde la sensación de soledad en la superficie terrestre y algunas escenas con una lograda sensación de opresión serán lo mejor del film. No podemos decir lo mismo de ella, que poco aporta más allá de su belleza.
Mientras la historia se va desgranando, es fácil que el espectador que haya visto un poco de ciencia ficción vaya detectando "fuentes de inspiración" en algunas de las imágenes o escenas, dando la impresión que Oblivion recoge un poco de aquí y un poco de allí para ir tomando cuerpo. Los primeros compases de Jack por la destruida superficie terrestre nos remiten a cualquiera de las adaptaciones que se han llevado al cine de El último hombre sobre la Tierra (cambiando zombies por los Carroñeros que le acechan entre las sombras); evidentemente Moon (2009) parece haber tenido bastante influencia en el film; ciertos toques de El planeta de los simios (1968), con la típica imagen de la Estatua de la Libertad destruida o las zonas de radiación (zona prohibida en el film de Charlton Heston); también un ligero recuerdo al temible HAL9000 de 2001: Una odisea del espacio (1968) con los ojos de los drones y alguna otra sorpresa; o incluso de la nefasta Independence Day (1996) toma algo y me imagino que mirada con detalle alguna otra más podríamos sacar.



La película guarda algunos giros interesantes, donde lo mejor es lo que plantea más que como lo termina por resolver finalmente. Así, parece que intenta adentrarse en la esencia humana y de su alma, lo que convierte a una persona en héroe. El gran problema que tiene es que intenta hacerla pivotar alrededor de una historia romántica, y en base a ella se desarrolla. Es aquí cuando aparecen los clichés que entorpecen el prometedor punto de partida y su brillante primer tercio. Escenas como las de la cabaña en el lago, muy azucaradas, demasiado para el tono oscuro que le habría ido mejor al film.
Otro de sus puntos flacos es el uso de ciertas "trampas" de guión en su inicio para lograr meternos en la trama y crear un punto de partida para su posterior desarrollo. Algunos de estos pilares se tambalean hacia el final al ponerse todas las cartas sobre la mesa, junto a la inclusión un tanto forzada de un happy end, pudiendo ocasionar que el espectador se sienta algo engañado y que esa sensación termine empañando muchos de los aciertos que tiene el film. Sin embargo, vista sin demasiados prejuicios y sin detenerse a analizarla con detalle, resulta un buen entretenimiento de dos horas que en ningún momento se hacen pesadas, lo que ya es un logro. Una buena opción para pasar una de estas calurosas tardes de verano.


viernes, 9 de agosto de 2013

ESCÁPATE COMO PUEDAS (1992)

Sin duda, una de mis comedias favoritas de todos los tiempos ha sido y será siempre Una Noche en la Ópera (A night at the opera, 1935), de los irrepetibles Hermanos Marx. Su frenético sentido cómico, esas brillantes irreverencias sin descanso, el siempre divertido desprecio hacia la alta burguesía y como no, la descomunal presencia en pantalla del genial Julius alias Groucho, convertían casi todas sus películas en objetos de culto para un servidor.
No es de extrañar pues, que tras enterarme de que sufrió algo parecido a un remake en 1992, me lanzara sin pensar a encontrarlo, aún sabiendo el chasco que, una vez más, podría llevarme.
Tampoco las credenciales del responsable eran para tirar cohetes. El tipo en cuestión, Dennis Dugan, firmaba perlas como Este chico es un demonio, o peor aún, todos esos recientes films vomitivo-execrables que nos viene obsequiando el insoportable Adam Sandler año tras año.
Pero no todo estaba perdido. Los alocados Zucker Brothers apadrinaban el invento y el bueno de John Turturro ponia la percha para convertirse en el "nuevo" Groucho. Obviamente, dos alicientes más o  menos estimulantes que incrementaron mi incansable ansia cinéfaga y mi espíritu completista.
No ha sido fácil, la película sólo está editada en VHS en nuestro país bajo un título oportunista y tendencioso con el ya agotador latiguillo "...como puedas" para vendernos comedias del absurdo. Su título original "Brain Donors" (literalmente, "donantes de cerebro") es mucho más acertado, visto que este trio de sujetos descerebrados en realidad no escapan de nada en concreto (aunque eso sea lo de menos).
Una vez conseguida una copia en DVD, sólo restaba encontrar el momento adecuado y darle al play lo más desprejuiciado y receptivo que pudiera, sin ánimo de entrar en la injusta comparación con el clásico de los Marx.
Pues bien, tras unos créditos iniciales sorprendentemente geniales gracias al buen uso de la plastimación (Claymation) a cargo del oscarizado Will Vinton, se nos presenta al primer inadaptado del grupo, el robusto Jacques (Bob Nelson) que aquí hace las veces de Harpo.



Turturro, a lo Groucho, incomodando a la rica heredera.
Jacques y Roland, disfrutando del ballet...
Su presentación también resulta divertida y surrealista, aunque su inadecuada corpulencia quizás esté más acorde con la torpeza del grandullón de turno que con la mimética agilidad del más gamberro de lo Marx. Tras él, le toca el turno al alter ego de Groucho, aquí un abogado sin escrúpulos llamado Roland T. Flakfizer (el citado Turturro). Su entrada en escena, pese a responder a lo esperado, puede resultarnos antipática, casi odiosa, debido a sus exagerados gestos deliberadamente sobreactuados.
Siguiendo la inercia, se nos presenta al nuevo Chico Marx, el taxista ¿irlandés? Rocco Melonceck (Mel Smith, visto en La Princesa Prometida y fallecido el pasado julio), con quien desgraciadamente menos conectaremos debido a su nula capacidad cómica.

Rocco (Chico), en medio de la pareja de tortolitos.
Ya os podéis imaginar sus intenciones
Los tres inadaptados sociales verán juntos una oportunidad de enriquecerse gracias a la acaudalada viuda Lillian Oglethorpe (que hace las veces de Margaret Dumont) y su recién heredada compañía de ballet.
La lectura del testamento del señor Oglethorpe, su primera escena delatora del "Marxismo", ya marca el ritmo del resto del film. Si bien algunos dardos de Roland-Turturro hacen diana y consiguen entre todos desatar la locura insensata pretendida en pantalla, eso no bastará. Pese a las buenas intenciones y un guión bastante a la altura de las circunstancias, el trio protagonista no emana ni la magia ni la destreza cómica de los originales, y la chispa no acaba de encender el fuego. Sin embargo, a medida que avanza la cinta, aumentará nuestra complicidad con el alocado triunvirato, a excepción del fallido irlandés (que al menos a mi, no me hizo ni pizca de gracia).

La estupenda escena de clausura, el ballet final


Una simpática secuencia, la del hospital
A media película, ya podemos decir que el difícil personaje de Roland comienza a caernos simpático, sobre todo por su apropiada desfachatez y notable esfuerzo, e incluso algunas bromas suyas (las de sexo, sin duda, las mejores) nos arrancan más que una sonrisa. Asistiremos sin demasiado entusiasmo a la mítica escena de la firma del contrato, la del camarote (aquí un camerino lleno de pizzeros, masajistas, bailarinas...) y a la casi siempre molesta secuencia musical, pero no será hasta la última secuencia, la del ballet final, que le sepan inyectar un ritmo casi prodigioso al film.
Una estupenda secuencia repleta de locura que esta vez sí, nos recuerda más que nunca al trío Groucho-Chico-Harpo. Todo cobra mayor sentido gracias a estos últimos minutos y nuestra empatía por esta renovada y bienintencionada película crece merecidamente. Qué decir tiene que tras la bajada del telón, se vuelve a rescatar la fantástica animación con plastilina para los créditos finales, quedándonos una sensación de visionado placentero, respetuoso, a veces inspirado y sobre todo, divertido que provoca mi absoluto beneplácito hacía este proyecto, de entrada, tan imposible e innecesario.

La animación con plastilina, un gran acierto.

martes, 6 de agosto de 2013

SCHOOL KILLER (2001)

Estúpida y desazonante ópera prima del veterano Carlos Gil, que según algunas fuentes llegó a ser ex-asistente de segunda unidad en las tres primeras entregas de Indiana Jones (nada menos que con Steven Spielberg) y a producir algún que otro film medianamente rescatable, como "El Templo del Oro" del machote Chuck Norris.
Resulta desalentador comprobar que filmando por su cuenta, el curtido señor Gil llega a asustarnos bastante, desde luego, pero no por las vías que él pretendía. Con su propuesta School Killer (también titulada "El Vigilante" en su paso por TV) trata de calcar la estructura yanki de films juvenil-terroríficos tan de moda en los 80 y 90, aunque lamentablemente con más pena que gloria.
Un grupito de 6 adolescentes "tipo" (véase, la lista, el cabecilla, el gracioso de turno, la dura, la histérica y como no, Larry, el guiri, para darle un toque internacional al invento) creen que puede ser divertido organizar una fiesta en un colegio abandonado a las afueras de Madrid.
Para su sorpresa (no ya tanto la nuestra), comenzarán a suceder cosas extrañas en el lugar y serán testigos de diversas apariciones fantasmales, como la del cruel celador de la escuela (un bochornoso Paul Naschy) o la de un grupo de jóvenes que, como ellos, repitieron la jugada de la fiesta 27 años antes.

el grupito de ¿amigos? valorando la absurda situación
El despiadado celador encarnado por el mítico Paul Naschy
Si bien la idea base de crear un "slasher paranormal" no me desagrada en absoluto, incluso diría que puede llegar a ser muy interesante, sí debo decir que el film de Gil finalmente hace aguas por todas partes, sin excepción. Las poquitas pero posibles expectativas creadas en su inicio se ven claramente pisoteadas por una apatía técnica y creativa sonrojantes, una historia muy mal contada e insufribles interpretaciones, convirtiendo así School Killer en el peor film de cuchilladas que haya sufrido jamás.
Los diálogos, de auténtica vergüenza ajena (se oye -¡¡vete al grano!!- en un momento del film), son sólo la guinda del pastel. Una iluminación muy poco sugerente, un sonido pésimo (¿actores doblados por otros?) y un montaje sin escrúpulos hacia el espectador no serán suficiente tortura para nosotros. Aún hay más.
El destete funciona incluso aquí




                              Unos maquillajes ridículos, las típicas, constantes  y odiosas referencias cinéfilas a films del estilo o demasiadas subnormalidades durante el trayecto (la escena del coche, la primera exploración, el lamentable guateque...) no hacen más que devaluar una película que, pese a su condición de "cinta de culto", no merece la más mínima atención.


Tampoco el as bajo la manga de contar con Naschy como "el malo de la película" funciona en ningún momento, ni tan siquiera para un chiste. Sus líneas de diálogo son penosas "...os pongo juntos, para que "charreis"....o...aquí follar te cuesta la vida", son un triste guión para un Jacinto Molina que no merecía tamaño castigo cinematográfico.Ya de nada sirven algunos aciertos en su conjunto, como el carácter despiadado del asesino, el contarnos dos películas en una con un equilibrio atmosférico (la versión de los hechos actual y la setentera, levemente mejor), las casi divertidas contradicciones físicas (esa super fuerza) o incluso las ansiadas escenas de sexo con algún que otro fotograma para retener...porque ya todo es inútil, ya no hay nada que hacer.



Así pues, mi recomendación es que huyáis despavoridos de School Killer como de la peste y que esa distribución fantasmal que recibió (con una edición en DVD por Planeta igual de lamentable, incluso sin sinopsis posterior) no sea un atractivo para verla por vosotros mismos, porque al igual que reza el subtítulo del film....¡¡Nos van a matar a todos!!.Sin duda, a mi casi.

jueves, 1 de agosto de 2013

CORTO "ESTATUS" (2013)

Hoy me enorgullece presentar este humilde ejercicio cinematográfico titulado "Estatus". Un proyecto que rodamos en 2012 y que hasta ahora no se había montado adecuadamente debido a una accidentada post-producción, por así decirlo.
Hace más de un año, junto a mi gran amigo y ex-compañero de trabajo Jordi Castro, concebimos la idea base, le dimos forma y con la ayuda de algunas cervezas y mi nueva cámara, nos pusimos manos a la obra.
La pequeña historia versa sobre el señor Vargas (un gran Juan Ángel Crespo) que tras ser destituido en sus responsabilidades como presidente de la escalera, se toma la venganza por su mano y "borra del mapa" a todos esos traidores del vecindario uno a uno.
Una de las víctimas, (el bellezón de Vicky) sufrirá en sus contorneadas carnes los impulsos asesinos del desequilibrado vecino justo cuando llega a casa.
Malviviendo en la azotea del edificio, Vargas seguirá acechando y asesinando a los pobres vecinos que no se imaginan lo que les espera al llegar a sus casas....

Mil gracias a Juan Ángel y a Vicky por su tiempo, a Jordi Perelló por su inestimable ayuda e inagotable paciencia, a Insaf por prestarnos atrezzo, a Miquel por estar ahí cuando se le necesita, a Eva por su paciencia y ánimo constantes, a Adrián Roldán por su dedicación y esfuerzo en el montaje y como no, a Jordi Castro, por contagiarme las ganas de intentar hacer cine.
Sospechosos Productions presents.....

miércoles, 24 de julio de 2013

THE BERLIN FILE (2013)

Con su último film, el director coreano Ryoo Seung-wan parece que empieza a presentar unas credenciales suficientemente contrastadas como para tener que seguirle más de cerca en el futuro. Si bien en su filmografía ya podemos encontrar algunas películas muy estimables, como son la poco conocida pero reivindicable Crying Fist (2005) o el interesante thriller The unjust (2010), ambas ya comentadas en entradas anteriores; pero es aquí donde ha logrado un trabajo que rezuma una mayor madurez como cineasta, presentando una gran solidez en todos sus apartados y que engancha desde buen inicio. La película que nos ocupa hoy tiene además la gran peculiaridad de desarrollarse fuera de territorio coreano (cosa nada habitual) para emplazarse en la ciudad de Berlín, dotando a este thriller de espionaje internacional de un marco ideal para su desarrollo.
La historia nos sitúa en plena capital alemana, donde el agente norcoreano Pyo Jong-sung se encuentra en una misión de venta de armas con un terrorista árabe y un agente ruso. Sin embargo, ésta se truncará con por la intromisión de los agentes de otra agencia, obligando a Pyo a huir de allí sin haber podido completar su misión. A partir de este momento entrarán en juego el cruce de sospechas entre todos los servicios secretos, y que nos obligará a estar especialmente atentos a lo largo de unos minutos para poder aclararnos en una trama algo liosa y poder identificar a todos los jugadores que entran en escena y determinar de que bando están.


Por un lado desde Pyongyang, mandará a un agente con la misión de encontrar al responsable de la filtración de información que ha frustrado la misión; haciendo que tanto el embajador norcoreano, el agente Pyo Jong-sung que vio fracasar su misión y Ryeon Jung-hee su esposa que trabaja en la embajada como intérprete, vean peligrar sus vidas; a la vez que empiece una guerra de nervios en los que todos ellos sospechan de los demás. Atentos a todo lo concerniente a sus vecinos, los servicios secretos surcoreanos van a seguir la pista de los distintos miembros norcoreanos tras la fallida misión, estando al mando el agente Jeong Jin-soo (gran papel del actor Han Suk-kyu), iniciándose así un intenso thriller de espionaje y contraespionaje, al que se sumarán las agencias de otros países.


Si tengo que destacar un aspecto por encima de todo, me quedaría con las escenas de acción, tanto en los tiroteos como en las secuencias de lucha cuerpo a cuerpo, donde su perfecta ejecución nos dejará sin aliento en más de una ocasión. Entre ellas mencionar la secuencia del metro o la intensa pelea en el interior del piso franco de los agentes norcoreanos, un gran ejemplo de lo que el buen cine de acción puede llegar a dar de sí. Con un ritmo vivo y sin concesiones, logra que en ningún momento haya un bajón y nos quedemos enganchados en una trama que cuenta con un guión inteligente que huye de muchos de los tópicos mil veces vistos anteriormente y que volveremos a ver otras mil veces en el futuro (atentos a las sorpresas), con buenos giros y al que solo le achacaría en sus primeros compases el ser un tanto lioso.
Otro punto interesante es el posicionamiento que toma aquí el director Ryoo Seung-wan respecto al conflicto de las dos Coreas, lejos de lo que uno pueda pensar inicialmente, no se nos muestra a los agentes norcoreanos como los malos de la función (si acaso a su Gobierno con la venta de armas, eso sí), pero en lo concerniente a los agentes, no llega a clasificarlos como buenos o malos, sino como personas que se ven atrapadas en una espiral que les supera y solo pretenden salir con vida de allí, de igual manera que el resto de miembros de las otras agencias. Un gran acierto en este sentido al permitirnos empatizar con todos ellos al tratarse de personajes con cierto desarrollo e interés. Sumando a todo ello unas actuaciones convincentes, tenemos ante nosotros un jugoso thriller que dificilmente llegará a nuestras pantallas o a distribuirse en DVD, pero que es merecedora de nuestra atención, ya que supera en mucho obras del mismo género del omnipresente y cansino mainstream Hollywoodiense. Avisados estáis, el que busca encuentra...


lunes, 15 de julio de 2013

EL JINETE PÁLIDO (1985)

Tercer western delante y detrás de las cámaras del incomparable Clint Eastwood (ha dirigido 4 hasta la fecha), y el más taquillero a la par que aplaudido por diversos críticos especializados. Ya con anterioridad, el espigado californiano firmaba las estupendas  Infierno de Cobardes (1973) y El Fuera de la Ley (1976) e incluso cerraría su ya de por sí impecable ciclo del oeste de forma gloriosa en 1992, gracias como no, a su magnífica y oscarizada Sin Perdón (actualmente pasto de un remake japonés en versión samurai).
El Jinete Pálido también presume de ser la película sobre el far-west más taquillera de los 80, pese a ser un remake inconfeso de la mítica Raíces Profundas (Shane, 1953) y deberle más de una idea calcada a Sólo ante el Peligro (High Noon, 1952), ambas claras referencias para el film de Eastwood.
Aquí, la historia versa sobre un solitario jinete, aparentemente una suerte de predicador (Eastwood) que llega a un pequeño poblado minero acosado por el despiadado cacique LaHood, dueño del resto de las tierras y que ambiciona quedarse con todas. Tras su consiguiente intromisión en el conflicto, el "predicador" deberá enfrentarse no sólo al pez gordo del lugar y su séquito, sino también a un viejo enemigo del pasado, el agente federal Stockburn (el desaparecido John Russell, también presente en Infierno de Cobardes) al que le acompañan su equipo de 6 pistoleros.
Resulta difícil esquivar los elementos más tópicos del género y no fracasar en el intento; pero aún se presenta más complicada la opción de respetarlos (y usarlos) para acabar haciendo un film magnífico y con personalidad propia, como alcanza a filmar (una vez más) el maestro Eastwood.


Un enigmático forastero que pisa tierra extraña, que acaba siendo justo con los débiles pero implacable con los corruptos y que además derrite a su paso a las féminas más apetecibles del lugar (los topicazos, vamos), aquí siguen estando presentes pero de una manera soterradamente inteligente.
El personaje central es un hombre errante parco en palabras, sin destino ni pasado conocido, y que tan sólo sabemos de él que viste como un predicador y que según cuentan, ya murió.
Si a este trazado argumental le sumamos que entra en escena tras las plegarias de una hermosa niña (bueno, no tan niña ya...), podemos caer en la obvia cuenta de que se trata de una figura fantasmagórica, o como mínimo sobrenatural. Un muerto a caballo que viene a cobrarse algunas vidas, como la mismísima Santa Compaña.


Tampoco falta el jugoso componente mesiánico en el menú. Cierto es que se le puede atribuir un evidente paralelismo Bíblico al entuerto, con personajes incluso similares (el codicioso muere, los humildes rezan y se salvan, un desconocido es adorado y seguido por todos...). En fin, que quién quiera verle esa lectura cristiana, el film se presta a ello si le perdonan la violencia y los tiroteos.
La cinta presenta una puesta en escena de lo más clásico en lo concerniente a exteriores, con unas imágenes por norma estables, bien iluminadas, sin apenas primerísimos planos y con una colocación de cámaras cómoda y agradable para el espectador. Sin embargo, la novedad viene gracias al peculiar concepto de interiores.
Un enfoque mucho más triste, desolador, sórdido, de atmósfera inquietante y oscurecida son el contrapunto perfecto para crear un western muy peculiar, rico en su utilización de maniobras fílmicas.
Si además consigues alguna escena realmente indeleble como la secuencia de la violación en las minas y la llegada del "pistolero/predicador/salvador", el baile de balazos y posterior acribillamiento del lugareño o los exquisitos 20 últimos minutos (sin desperdicio alguno), estarás delante de una joya del género, una obra maestra de la mano de un experto en la materia.


Enriquecida además con una apropiadísima banda sonora, poseedora de un ritmo incuestionable, muy buenas actuaciones y unos diálogos sin paja, tan sólo podría generar alguna duda debido a su discutible y/o previsible discurso (¿alguien no sabe lo que va a pasar desde un principio?), la pretenciosa y autosuficiencia actoral del propio Eastwood (que se sabe ya legendario y determinante en sus películas sin mover muchas piezas) o pequeños recursos en su diseño (imperdonable el muñeco del perro muerto al principio del film).
De todas formas, el film es del todo aconsejable, bastante entretenido (perdonando esa estirada escena de las explosiones) y además muy estimable en su propuesta, por lo que está adecuadamente considerada como otra joya de Clint Eastwood.


Como anécdota patria, comentar que un año después de El Jinete Pálido, se estrenó en EEUU un film titulado "The return of Josey Wales", que se transformó inadecuadamente en "El Retorno del Jinete Pálido" en los video-clubs ibéricos. Otra muestra más del oportunismo de este país, simpático a veces, pero casi siempre reprensible.

sábado, 6 de julio de 2013

SALON KITTY (1976)

A finales de 2001, el gran Woody Allen viajó a Barcelona para presentar su "casi" siempre esperada película anual; en esa ocasión se trataba de su estimable comedia La Maldición del Escorpión de Jade (The Curse of the Jade Scorpion, 2001). Habían transcurrido tan sólo unas semanas de los horribles atentados del 11-S que todos recordamos, y fue entonces cuando un periodista español, seguramente a la caza del titular, le preguntó si algún día se llegarían a hacer películas sobre tamaño atentado y qué pensaba él, como neoyorquino, sobre todo eso.
Allen, con su titubeante tono habitual, contestó:
- Por supuesto que sí se harán. Para que la tragedia se convierta en comedia tan sólo es necesario que pase un "tiempo".
Históricamente hablando así ha sido siempre, y la película que hoy rescato, Salon Kitty, es el mejor ejemplo para entender lo que dice el entrañable cineasta americano.
Corría el año 1975 cuando el erotómano hombre de negocios milanés Tinto Brass (un tipo muy parecido a Porky's), abría la veda hacía un jugoso pero sin duda desconcertante subgénero dentro de la ya de por sí extenuada corriente sexploitation. Nacía entonces el "porno con temática nazi" o nazisploitation, como también tuvimos ocasión de ver gracias a la tetralogía de la voluptuosa Ilsa y sus hazañas varias.
Como era de prever, lo que era un escándalo y una aberración para algunos (aunque podríamos encontrarnos algún que otro "sorprendido" incluso a día de hoy), para tantos otros sólo se trataba de un sano síntoma de libertad sexual y sobre todo, un punto de inflexión en el cine que contrarrestaba una época sobrecargada de miedos y censuras.

El mad doctor y un alto cargo nazi de sospechoso compromiso con el partido
La selección de las nuevas prostitutas para el Salón
Así pues, Tinto nos presenta en su controvertido film un burdel alemán de alto copete (el citado Salon Kitty) repleto de jóvenes y receptivas prostitutas polacas que sacian las perversiones de quién se quiera regalar a sí mismo un rato de placer sexual sin complicaciones.
Tras estallar la Segunda Guerra Mundial, los nazis obligan a la madame del local, Kitty, (interpretada notablemente por la malograda Ingrid Thulin) a cambiar a todas sus chicas por bellas e ¿inteligentes? jóvenes alemanas simpatizantes del partido nazi, como no podía ser de otra manera (además, escogidas concienzudamente para complacer al máximo a los altos cargos políticos, nada menos).

Momento más terrorífico que erótico, proyecciones del Führer sobre la chica en la cama
Pese a la oposición de Kitty, la Gestapo se infiltra y vigila todo lo que allí acontece, colocando micros y obligando a entregar informes de cada servicio a sus solicitadas muchachas. Pero llega el día en que un alto mando nazi (un, este sí, inteligente arquitecto) decide renunciar a las matanzas de su partido y volverse en contra del Führer, lo que obviamente, le traerá consecuencias indeseadas.
Naturalmente no podemos decir que Salon Kitty sea un film tan elegante como tres años antes lo fuera el film de culto Portero de Noche (Il portiere di notte, 1973), que tonteaba con el soft core bajo el mismo telón político pero no se atrevía a ir más allá en su propuesta y se limitaba a mostrar un comedido (aunque muy sugerente) erotismo.

La sinuosa Marguerita será una aliada para la temperamental Kitty
Lo que haga falta para satisfacer al inefable cliente nazi
Tampoco podemos pedirle peras al olmo, y como era habitual en el cine del italiano (últimamente las nuevas tecnologías le solventan esas torpezas), aquí la puesta en escena tiene más defectos que virtudes. Zooms molestos, cámara sucia (planos borrosos, mala gestión de las tomas), brusquedad en el montaje, exceso de metraje o innumerables rectificaciones de cámara limitaban un film que, por su condición, estaba ya condenado a sesiones de medianoche en cines de barrio. Sin embargo, un guión inesperadamente inteligente, buenas interpretaciones en general y un ritmo más o menos decente, consiguen hacer sobresalir a Salon Kitty del grueso de producciones del estilo.
Tal y como se espera de ella, las escenas eróticas (que a menudo van más allá..) son realmente interesantes, incluso alguna roza la genialidad cinéfilo-gamberra (esa proyección de imágenes de Hitler sobre la prostituta en la pared o el delirante desfile en tono de burla en la habitación). Mención aparte merece el desquiciado mad doctor de turno con sus aberrantes experimentos (daría para otro film) o los inquietantes juegos de espejos, otro tanto a su favor por sus posibles interpretaciones más allá del componente intimista (dobles morales, personalidades alienadas..).
Una película a veces incómoda (como las indecentes pruebas a las nuevas chicas del burdel), por momentos excitante (sobre todo gracias a Teresa Ann Savoy en el papel de Margherita) y a veces aburrida (esos numeritos musicales tan innecesarios) que pese a sus tropiezos generales, logra mantener el tipo y mostrar suficiente personalidad y fuerza en sus imágenes.

No es lo que parece, aquí no hay "final feliz"
Tinto Brass se propondría años más tarde, visto el éxito de Kitty, hacer lo propio pero esta vez con el Imperio Romano. Como resultado, rodaría la primera superproducción erótica de la historia (más de 15 millones de dólares y 2 años de rodaje), al lado de Peter O'toole o Helen Mirren y con un tono más atrevido todavía. Era el turno del film Calígula, considerada hoy pionera del hard europeo.

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