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domingo, 4 de diciembre de 2011

THE HUMAN CENTIPEDE 2 (FULL SEQUENCE) (2011)

Tengo que replantearme seriamente los límites cinematográficos que no debo cruzar, ya que, como en esta ocasión, ciertos films me producen una sensación tan perturbadora que más vale prevenir. La lógica prolongación de aquél macabro éxito llamado "The Human Centipede" del 2009 por fin ha llegado a nuestras manos, pero ya os aseguro que jamás llegará a las salas comerciales, ni aquí ni en ningún país del mundo, pues su visionado está reservado para estómagos de hormigón.
Personalmente yo abriría un nuevo género para dar cobijo a este tipo de filmaciones y lo denominaría "Cine Enfermizo", por su alto contenido de escabrosidad, falta de escrúpulos, excesos gore y un protagonista con obvios deterioros mentales y físicos. De todas formas, ahí va el argumento para el osado que se atreva con ello.
Martin es un retrasado mental con serios problemas asmáticos (dueño de la barriga más asquerosa que ha dado el cine) que trabaja como vigilante nocturno en un párking de Londres, pero que se pasa la noche viendo una y otra vez la primera parte del Human Centipede, totalmente obsesionado. Vive con su temperamental madre (es para entenderla también a la mujer) en un cochambroso apartamento, sucio y maloliente como pocos, con uno de esos vecinos a los que no se te pasaría por la cabeza ir a pedirle sal.
Su comportamiento deja mucho que desear ante la sociedad. No habla con nadie (no dice ni una sola palabra en todo el film, tan sólo gruñe, solloza y emite graznidos varios), tiene un ciempiés en el comedor al que alimenta con auténtica devoción y ni su pintoresco psicólogo (personaje que detallaré más adelante) es capaz de mejorar la situación, aunque sí de empeorarla. Sufrió abusos sexuales de su padre cuando era pequeño y parece que las sesiones terapéuticas no están logrando grandes avances, visto lo visto. Su peculiar obsesión hacia las hazañas del Dr. Heiter y sus experimentos van tan lejos que pretende emularlo pero a mayor escala. Poco a poco, va coleccionando personas (parejas, su vecino, una mujer embarazada, de todo) a las que amordaza y desnuda en un viejo almacén para lograr su atroz cometido de unir bocas con culos y así conseguir un ciempiés humano con una docena de personas. Tampoco la actriz de la primera parte (una de las dos, da lo mismo) se libra de la salvajada, pues la invita a tal evento engañándole y haciéndose pasar por un colaborador de Quentin Tarantino para torturarla como a una más.
Comenzará pues una desagradable y torpe intervención en grupo con un único objetivo, conseguir lo que el Dr. Heiter hizo en su primera parte pero multiplicado por 4, consiguiendo un conjunto de aparatos excretores y digestivos unidos en comuna y formando uno sólo.
Para más inri, el instrumental médico y los conocimientos de su predecesor, eran al menos, de auténtico quirófano y precisión de cirujano, pero el perturbado de Martin lo realiza aquí con martillos, grapas, destornilladores y demás herramientas de taller, que sumados a una lógica torpeza en sus maneras, hace que el destrozo físico de los invitados se incremente hasta lo indecible.
Arranca lenguas con tenazas, destroza dentaduras a martillazos, vuela sesos a balazos y corta ligamentos con tijeras para lograr su sueño, y no parará hasta conseguirlo aunque su nivel de masoquismo sea extremo, indigerible para el asustado espectador. Este film es, probablemente, el más enfermizo que hemos visto en mucho tiempo, con un nivel de elementos desagradables impensable hasta ahora, con una puesta en escena realmente desalentadora y un argumento de lo más repugnante, que convierte a su hermana mayor del 2009 en casi un cuento de hadas para todos los públicos. El actor que encarna a Martin, un tal Laurence R. Harvey, tiene una apariencia tan nauseabunda que logra transmitir el desequilibrio del personaje con su mera presencia, con una mirada perdida muy enigmática y un caminar de su cuerpo desgarbado que produce verdaderos escalofríos. Del resto del reparto no pienso comentar nada más porque todo el que le rodea se limita a llorar, chillar, pedir clemencia o gritar como descosidos para salvar sus vidas. En el que sí me detendré unas líneas es con Bill Hutchens, actor que da vida al Dr. Sebring, psicoanalista de Martin. Con una apariencia a lo Charles Darwin del todo peculiar, se descubre como un pervertido sexual imperturbable y putero que además, aconseja desde su perspectiva enferma a Martin que su problema se cura con orgías gays (momento WTF del todo descabellado). Un llamativo secundario, sin duda.


Montada en blanco y negro por decisión del director holandés Tom Six, consigue de esa manera transmitir una atmósfera desquiciante y sórdida como pocas, siendo un acierto para su atroz cometido.
Escenas como la mujer que logra  parir en el interior del coche después de romper aguas en una bolsa de cadáveres o ésa en la que Martin comparte la comida con el cadáver de su apaleada madre delante suyo son el plato fuerte del film, que además nos ha llegado censurado, con casi 3 minutos de menos. No me puedo llegar a imaginar su contenido recortado, seguro que del todo inmoral y antiético o puede que se deba simplemente a una astuta artimaña comercial para luego suscitar más morbo en su versión "uncut" del DVD / Blu-ray..
En definitiva, un desaliento continuo de película, únicamente recomendada para sedientos de emociones fuertes y de una obscena intencionalidad de provocación del todo decadente, convierten a esta secuela en más de lo mismo, pero todavía más espeluznante que su predecesora, que según parece, va a ser el signo identificativo de esta saga, pues su tercera parte se anuncia como más enferma todavía. En palabras del propio director, hará que esta segunda parezca de Disney. No sé vosotros, pero uno aquí quizás se quede detrás de la trinchera cuando llegue el momento.

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