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sábado, 3 de diciembre de 2011

DESPEDIDA DE SOLTERO (1984)

Sobrevalorada borrachera de humor mentecato que como mucho hará sonreír al ya convencido o hará llorar al cinéfilo, no hay otra opción.
Su inexplicable éxito en taquilla en la década de los 80 es uno de los grandes misterios de la humanidad, y un motivo más para sospechar de esta sociedad que cojea en su criterio masivo.
El argumento no tiene demasiada complicación como podréis imaginar. Rick Gassko (el Tom Hanks de aquella época, simpático, burlón y gamberro) se va a casar con su adinerada novia Debbie. Los padres de ésta y su hostiable ex-novio le odian a muerte, a él y al bus escolar que conduce (un autobús católico algo desmadrado, por cierto), por lo que se oponen a su enlace de manera efusiva.
Los amigos de Rick le prepararán una despedida de soltero a lo grande en un hotel, con alcohol, películas porno (aunque les corten el rollo de forma infantil), música en directo o putas, entre otras actividades en esa misma línea.
Rick le promete a Debbie máxima fidelidad, pero verá como le intentan boicotear su despedida durante toda la noche. Su "confiada " mujer y su séquito pretende desvelar la auténtica diversión del grupo y pillarlos con las manos en la masa (¿no es eso ya motivo de divorcio antes de estar casados?), y su pijoteras ex-novio trata de chantajear al alocado Rick para que deje a su novia, ofreciéndole incluso su nuevo y reluciente Porsche. El aire de comedieta ochentera impera en todo su metraje, convirtiendo la tortura de su visionado en algo cercano a la sensación de empatía cinematográfica, pero su nivel de chabacanería adolescente pesa tanto que emborrona el resultado final. Necia, tonta y, por momentos, de una imbecilidad preocupante, está claramente engendrada para acumular beneficios en taquilla aunando conceptos de atracción juvenil, es decir, fiesta loca, sexo, alcohol, diversión, gamberrismo y cierta moralidad sin complejos.
El primer bloque, la presentación de historia y personajes, está narrada con cierta gracia e incluso provoca en nosotros alguna expectativa de pasárnoslo bien. A medida que Tom Hanks y sus amigos se van volviendo inaguantables la cosa empeora y sufrimos una incomodidad intelectual importante.
Al descubrir que únicamente seguimos las burradas (sí, además hay un burro en la fiesta para un propósito más que sospechoso) de ese grupo de tarugos que chillan, saltan, y parecen divertirse de manera neandertal, sin ni tan siquiera parecerlo en pantalla, seremos plenamente conscientes del despiporre argumental que se nos viene encima. Momentos de máximo sufrimiento para el espectador.
Dentro de ese batiburrillo de escenas frenéticas de desproporcionada estupidez, podemos paladear alguna secuencia rescatable y que nos seduce mínimamente; como cuando cuelgan desnudo al cansino del ex-novio fuera del edificio o ese camarero tan dotado entregándole su "hot-dog" en bandeja a la futura suegra de Rick. En su último tercio, una escultural mujer y su estupenda desnudez nos despierta del letargo haciéndonos la pesadilla más llevadera (ver foto de la izquierda), pero evidenciando una moralidad y un exceso de ética en nuestro protagonista que frena sus impulsos de infidelidad ante semejante pibón, destrempándonos al resto. De todas formas, la secuencia de Rick mirando ese cuerpazo con diferentes caras es desquiciante e incluso graciosa.
Su visionado pues se vuelve de interés intermitente, alternando algún golpe gracioso (el momento 3D en el cine al final es curioso y premonitorio) con una sucesión de imágenes atropelladas que mejor no volver a recordar. 
         La trampa de todo esto es que, siendo rematadamente boba como es y conteniendo tanta historia insustancial, nos deja un sabor de boca engañosamente satisfactorio, como el que devora una grasienta hamburguesa que acaba por resultar sabrosa.
Como curiosidad destacaré la presencia de un imberbe Michael Dudikoff en uno de sus pequeños papeles antes de convertirse en "El Guerrero Americano", saga inefable pero singular de artes marciales.

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