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sábado, 28 de mayo de 2011

MUÑECOS INFERNALES (1936)

Dos presos se fugan del penal de la Isla del Diablo, uno de ellos es Paul Lavon (Lyonel Barrynore), un banquero que fue traicionado y acusado falsamente por sus tres socios y que estaba cumpliendo cadena perpetua, el otro es Marcel (Henry B. Walthall), un científico medio loco que después de muchos días de huída, conduce a su compañero hasta un refugio secreto donde les espera su mujer, Malita (Rafaela Ottiano). Una vez allí Paul descubrirá los experimientos en los que ha estado trabajando la pareja y que implican la miniaturización de animales y personas. No obstante el proceso de reducción de tamaño no es perfecto y al realizarlo el cerebro queda totalmente vacío y carente de voluntad, pudiendo ser controlado desde ese momento por su creador para hacer lo que le plazca. Marcel, muy enfermo, morirá en la demostración que estaba realizando (ya es mala suerte, pobre), por lo que Malita y Paul pactarán una alianza para llevar a cabo la venganza contra sus ex socios. Para ello se trasladarán a París, donde Paul adoptará el aspecto de una dulce anciana para ir preparando su vendetta personal tras haber pasado 17 años injustamente encerrado.
Junto a Garras humanas (1927), Drácula (1931) y Freaks, la parada de los monstruos (1932), formaría el poker de logros cinematográficos de su director, Tod Browning. Aquí nos regala una película plagada de aciertos y que desborda imaginación y buen hacer.
La película está basada en un texto titulado "Burn, witch, burn!", pero en la que la censura (maldita sea una vez más) aplicó una serie de cambios. Originalmente los seres miniaturizados eran animados mediante el uso de magia negra, mientras que en la película se optó por un planteamiento científico, mucho menos escabroso para la época, pero que le habría dado un toque definitivo a la obra. Por otro lado se cambió el suicidio del personaje de Paul por la polémica que este hecho podría levantar (una lástima).
El resultado global es muy satisfactorio y crea una tensión que se palpa en todo momento mediante el uso de los inquietantes muñecos y las buenas interpretaciones de sus actores. Merece destacarse la actuación de Lyonel Barrymore, quien sabe encarnar a la perfección el papel de Paul y el de la afable anciana, pudiendo mostrar dos caras bien diferentes, por un lado un hombre ávido por vengarse y por el otro una persona capaz de un amor infinito hacia su hija y su madre.
Rafaela Otiano en su papel de Malita también sabe crear un inquietante personaje: coja con su muleta, con un pelo que en parte puede recordar al de la novia de Frankenstein y una mirada de enajenada que asusta, es la imagen de científico loco que necesita el film. Los socios de Paul saben mostrar ese miedo creciente al saberse posibles víctimas, acabando por completar un buen reparto.
Los efectos especiales son fantásticos (para la época, claro, pero hoy en día siguen siendo notables), se combinaron imagenes rodadas con doble exposición y también el uso de construcciones gigantescas para aparentar que los seres eran diminutos (destacar sobre todas las demás, la escena en que una joven miniaturizada está en el dormitorio de una de sus víctimas y escala la cajonera y va sacando las joyas para tirarlas por la ventada, el efecto está perfectamente conseguido). En general todas las imágenes en que participan estos seres están rodadas con mucha precisión y muy logradas.
Una historia que se sigue con mucho interés y que satisfará a todo amante del buen cine (clásico o no), con venganzas y mucha tensión de por medio.

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