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lunes, 23 de mayo de 2011

SPIONE (1928)

Una organización criminal está sembrando el terror al perpetrar una serie de robos y atentados contra algunas embajadas y mandatarios para robar documentos secretos, poniendo en peligro la seguridad de estos países. El jefe de los servicios secretos encargará a su mejor hombre (el agente 326) que investigue y desenmascare quien está detrás de todo esto.
Por su lado, Haghi, el terrible jefe de los criminales, pondrá a trabajar a su mejor espía femenina (Sonja) para neutralizar al agente secreto, empezando un continuo toma y daca entre ambas organizaciones para acabar con la otra, pero con un punto que nadie había podido preveer, Sonja y el agente 326 se enamorarán.   
Spione ha sido una película que me ha gustado y sorprendido muy positivamente, pues me negué a leer nada de ella antes de verla para no ir condicionado. Tiene un inicio y una parte final con un ritmo vertiginoso y unas imágenes increíbles, adelantadas a su época. Solo arrancar, los primeros segundos se ven unas manos forzando una caja fuerte y luego como desde un coche asesinan al ministro de comercio para robarle los documentos que lleva, a partir de aquí un buen rato de investigación frenética e ir conociendo a los diferentes personajes, tanto el malo malísimo Haghi, quien dirige con mano de hierro desde su base secreta todos los movimientos de su organización; hasta las diferentes investigaciones de los agentes secretos, capaces de disfrazarse de vagabundos, si cabe, para pasar desapercibidos y evitar ser asesinados como sus compañeros.
Apariciones de dispositivos como mini cámaras, micros, tinta invisible, fichas con huellas dactilares e información de los agentes de la competencia, serán solo algunas de las sorpresas que nos iremos encontrando en una película con casi 85 años a sus espaldas y que hoy en día sigue teniendo una enorme validez. Buscándole algún pero, podríamos comentar que hay un notable bajón de ritmo en la parte central de la película, en el que los dos mejores agentes de ambas organizaciones se enamoran, siendo el tramo que se hace más lento, un tanto pesado y menos interesante del film (tengamos en cuenta que la película con 144 minutos da para mucho, pero era insostenible ese ritmo vertiginoso de inicio).
Por suerte, esto es solo un punto de inflexión y a medida que nos vamos acercando al último tramo, recupera la esencia inicial para volver a dejarnos alucinados con una grandísima resolución. Ver Spione y no darse cuenta que fue fuente de inspiración de futuras películas de espías y sobretodo de una saga com James Bond, sería imperdonable. Todos los ingredientes de la saga del agente británico ya están aquí (y hablamos de 1928). Una organización criminal no gubernamental, el villano postrado en una silla de ruedas con ínsuflas de poder queriendo dominar el mundo, agentes secretos, espías, gadgets de espionaje técnicamente revolucionarios, un enamoramiento entre agentes de diferentes organizaciones, traiciones... vamos, que blanco y en botella. Pero en manos de un genio como Fritz Lang, tenemos un film que va mucho más allá que una de las simples entregas de James Bond, pues está rodada de una manera ejemplar y muy innovadora, y que ha sido objeto de copia hasta nuestros días. Además tiene un espléndido blanco y negro con algunas pinceladas de expresionismo (ver última foto) que le dan el toque definitivo a la película. Durante esos años hubo un intenso espionaje entre las grandes potencias mundiales y Lang supo aprovechar este hecho para crear Spione para retratar esa situación. Para acabar, comentar que la versión restaurada que se puede ver ahora es un montaje de 144 minutos que ha sido un trabajo de chinos, ya que se han utilizado multitud de negativos de versiones mutiladas y en muchos casos con una calidad de imagen muy pobre, pero que tras una intensa labor de restauración, nos permite verla con una excelente calidad. Para todo seguidor de las películas de espías y que quieran descubrir el origen de muchas de ellas es una cite ineludible.



2 comentarios:

  1. Hoy la hemos visto en clase de crítica, como bien sabes. Considero Spione un film muy interesante (y anticipadísimo) para su tiempo, y coincido en casi todos los puntos que marcas. Está más que claro es la antesala de los james bonds y cía., que originó un estilo y unos personajes que se han copiado hasta cansarnos.
    él lo hizo primero, y eso hay que reconocérselo.
    Para mi, por eso, el frenético principio (sus 5 minutos iniciales) y quizás su primera hora no me ha conseguido fascinar del todo. Entre el pianista mamporrero y los primeros planos de documentos, más el lío de espías...me ha costado entrar en su juego.
    La historia de amor que comentas, si bien baja el tempo narrativo bastante, me ha caído bien, incluso me he llegado a reir mucho(esa madre piojosa que maltrata a la chica...genial).
    En cuanto les he cogido empatía a ambos espías (incluso al villano) la cosa ha ido mucho mejor. He disfrutado enormemente y ese final tan espléndido ha sido el broche definitvo. Ha valido mucho la pena descubrirla y saborearla en compañia (además, proyectada).
    No sé si tu edición será la misma pero en esta se ven los carteles en alemám 1 segundo antes que los de castellano, algo, que creo, se podría arreglar.
    En definitiva, un 8.

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  2. Ahi va mi crítica sobre Spione que he tenido que hacer en clase:

    Hace tan solo unas semanas, y con motivo del estreno de “Skyfall” en las pantallas de todo el mundo, se conmemoraron los 50 años de existencia cinematográfica del considerado mejor agente secreto de todos los tiempos, James Bond. Es ya la tercera vez que el inalterable Daniel Craig se viste de gala y encarna al mítico personaje creado por la pluma de Ian Fleming a principios de los años cincuenta, y del cual ya hemos perdido la cuenta de sus hazañas gracias a sus innumerables adaptaciones al cine.
    Sin embargo, y echando la vista atrás, nos percatamos de que hubo vida antes de Bond, y que por supuesto, poco le tenían que envidiar sus antepasados más lejanos. Remontándonos a finales de los años veinte, mucho antes de que Fleming tuviese su momento de inspiración, el magnífico cineasta Fritz Lang ya había plasmado en pantalla las andaduras de un agente encubierto del servicio secreto en su estimulante film “Spione” (Los espías).
    Lang, en su penúltima película muda, nos muestra como al agente 326 (un entregado Willy Fritsch) le encomiendan la misión de desbaratar una red de espionaje y detener a su cabecilla, un banquero llamado Hagui (al que da vida el hipnótico actor Rudolph Klein), cuyos propósitos no nos serán desvelados, ni falta que nos hace. La guinda del film (y la que sería hoy denominada como “chica Bond”) recae en el personaje de Sonya (Gerda Maurus), una espía del bando contrario, que irremediablemente, caerá en los brazos de nuestro apuesto protagonista, todo un caballero cuando se lo propone.
    “Spione” se desmarca dentro de la filmografía de Lang por ser puro entretenimiento, un thriller de espionaje entre gobiernos y sindicatos internacionales del crimen que, quizás acusando un metraje excesivo, trata de sumergirnos en una historia más accesible de lo habitual en el cineasta Vienés, impregnándola en esta ocasión, de una cierta atmósfera “glamourosa”.
    La galería de gadgets del film (desde tinta invisible a una mini-cámara, incluso un primitivo sistema de fax) son indiscutiblemente un valioso presagio de las futuras tecnologías; pero no todo se queda ahí, también alardea de una avanzada base de datos clasificada realizada con huellas dactilares o de augurar un posible conflicto con países de extremo oriente, casi como una revelación.
    Tampoco podemos pasar por alto el hecho de que fue la primera manifestación cinematográfica de un villano postrado en silla de ruedas (recurso más que trillado actualmente), agentes femeninas curtidas en el arte de la seducción o constantes traiciones a lo largo de la historia, todas ellas fórmulas recurrentes en la posterior saga del agente 007, evidenciando sus paralelismos.
    Desafortunadamente, el maestro Lang no contó con los mismos recursos financieros de otras ocasiones (debido a la bancarrota que ocasionó “Metrópolis”), teniendo que tirar de ingenio para rodar más en interiores, con primeros planos y con austeridad de decorados. Como resultado de su dilatada duración, Spione achaca aislados altibajos en su ritmo narrativo y momentos menos logrados, pero que no son suficientes para hacer tambalear un film tan ligero como estimulante, de fácil digestión y loables resultados estéticos, regalándonos agradables pinceladas de expresionismo.
    En definitiva, una propuesta interesante que, pese a ser clara deudora del previo trabajo de su autor, “El doctor Mabuse” (Dr. Mabuse, der spieler, 1922), consiguió dejar huella en maestros venideros de la talla de Alfred Hitchcock, Luis Buñuel u Orson Welles, ahí es nada.

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