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martes, 27 de noviembre de 2018

EL HABITANTE (2017)

Como es sabido, William Friedkin visitó el Festival de Sitges de 2017, y entre otros menesteres seguro que más apetecibles para él, también aprovechó y conmemoró el 45º aniversario de su obra cumbre, "El Exorcista". Casualidades o no, otros cineastas de más discreto renombre mostraron sus trabajos sobre la temática de las posesiones demoníacas y sus rituales de curación, ya sea porque sigue siendo un subgénero fértil en sí mismo o porque la figura del cura que exorciza siempre estará presente hasta el fin de nuestros días.
Sea como sea, entraron en parrilla varios films de corte similar y presenciamos uno de los más relevantes. Se trata de "El Habitante", del uruguayo Guillermo Amoedo, colaborador habitual del omnipresente Eli Roth y que nos avanzaba en su intervención que era la première mundial, ni él mismo había visto el resultado final, pues apenas habían terminado la post-producción hacía unas horas.
Tras visionarla, pienso que adolece de un serio tropiezo desde la base de márketing, y es el hecho de anticiparnos, ya desde su propia sinopsis comercial, que la niña atrapada en el sótano de la casa (mientras 2 ladronas aficionadas entran a robar), está de hecho, endemoniada.
Ese giro argumental, a ciegas, hubiera tenido muchísima más gracia que la de saberlo ya con anterioridad, pues nuestro interés por el robo y sus pormenores pasan desde un principio a un tercer plano, y sólo queremos que bajen al sótano a comprobar cómo es ese dichoso demonio.
Así, en su media hora inicial (casi como un prólogo) el film nace ya debilitado, y rápido detectamos carencia de medios, un trabajo de fotografía televisivo y diálogos someros, amén de unos intérpretes desacertados, que no malos.



El transcurrir de los acontecimientos venideros no nos depara tampoco ninguna sorpresa valiosa, aunque sí posee cierto ritmo narrativo, detalles muy acertados o momentos curiosos (la secuencia de la hermana pequeña en la bañera, algunos tics de la poseída o su empeño en confundirnos en su último tercio). No se trata de una película insignificante, pero sí irrelevante, pues su aportación tanto al terror como al subgénero al que hace referencia no es útil y la textura de telefilm frena el discurso propuesto. Mención especial, y con esto acabo, al inapropiado minuto final. Sonrojante es quedarse muy corto. Amén.

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