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sábado, 18 de mayo de 2013

RELÁMPAGO SOBRE AGUA (1980)

Durante el rodaje de "55 días en Pekín" (55 days at Peking, 1963), el director Nicholas Ray sufrió un ataque al corazón que precipitó su final tras las cámaras. Tras el incidente, 'Nick' invirtió su tiempo en la enseñanza sobre cine (fue profesor de Universidad) y abandonó las filmaciones con los grandes estudios para orientarse ya hacia pequeños proyectos más alternativos.
13 años después del fallo cardíaco y en esta ocasión acompañado de sus alumnos (entre ellos, un jovencísimo Jim 'cool' Jarmusch), el magnífico director de Rebelde Sin Causa firmaría una rareza experimental titulada Nunca volveremos a casa (We can't go home again, 1976) que no acabaría teniendo apenas repercusión más allá del interés que su persona pudiera ya suscitar (y que se refleja en parte dentro de esta Relámpago sobre agua).
Sin embargo, su aparición en un film (hoy de culto) como El amigo americano (Der Amerikanische Freund, 1977), permitió a Ray conocer bien al director de la misma, el alemán Wim Wenders, con quién pactó realizar un film conjunto en el futuro porque consideraba que sus talentos darían un fruto exquisito.
El cerebral Wim ya sabía que Nick padecía un cáncer terminal cuando decidió visitarlo aquél 8 de abril de 1979 en su loft del Soho, en Nueva York. La enfermedad estaba en un estado tan avanzado que Nick, pese a sólo sumar 67 años, estaba considerablemente demacrado y visiblemente débil.
Wenders conversando con Nick acerca de su proyecto mutuo
La idea de su reunión adquirió entonces un significado bien distinto debido a lo delicado de la situación, y el cineasta alemán no tardó en sincerarse con Nick, planteándole un asunto muy difícil de afrontar con elogiable entereza.
Su cercana muerte y cómo eso trastocaba por completo el rodaje de su film.
El interés de trabajar en un proyecto común se transformó forzosamente en un testamento fílmico del deteriorado Ray, que confíó plenamente en su colega bávaro para documentar su último esfuerzo por y para el cine (sin haber concebido tan siquiera un guión previo).
Wenders promete a Nick honradez, transparencia y nada de morbosidad en sus filmaciones, pero no le será tan sencillo. El objetivo de la cámara, ajeno a cualquier postura ética o moral, acaba mostrando con verdadera crudeza la penosa realidad de Ray y registra sin piedad su lamentable estado físico en cada una de sus intervenciones.

Wim y Nicholas conversando sobre el guión de su film

Nicholas Ray, en sus últimos días de vida
Veremos como Nick se levanta lentamente de la cama, sin pantalones, y lo primero que hace es fumarse un cigarro. Y tose. Y vuelve a toser. El cáncer le carcome, pero Ray se resiste a dejar de fumar. Sufre a cada minuto que pasa y nos hace sufrir a nosotros. Sin embargo, es su decisión. No quiso irse de manera deshonesta con su forma de vivir y entender la vida.
La cámara nos muestra además que ese color rojo encendido que Ray siempre usó en su cine, no era algo casual ni mucho menos. En su diáfano loft del Soho, objetos tan cotidianos como un simple teléfono, una silla, unas camisas, unos pijamas o algunos efectos personales lucen ese mismo tono encarnado. Un color que nos remite a lo crítico, a lo incandescente, a lo fatal. Casi como una suerte de epifanía de lo infernal que está por llegar y que Nick, como hacía en sus películas, ya nos estaba avisando prematuramente.

Ray con su hijo de fondo mientras proyectan su "Hombres Errantes"

El sugestivo y casi subjetivo uso de cámara usado por Wenders

La tragedia está servida y ningún espectador se sorprenderá con el desenlace o "twist" que le depara el metraje, pero sí merece un especial atención a diversos aciertos intelectuales de Wenders en su montaje y/o composición de planos e ideas.
Alternando acertadamente cámaras de 16mm con otras de 35 (creando una visión personal y otra ficcional), Wenders consigue bifurcar nuestra mirada e impregnar de cierta nostalgia fílmica su ya "condenada" obra, que sin casi pretenderlo, rezuma buenas dosis de tristeza desde su inicio.
Con un pie en el docudrama y otro en la ficción (nunca se sabe qué no está realmente planeado), el joven cineasta propone un ejercicio interesantemente confuso, a medio camino entre el homenaje y la obligación de llevar  a cabo el deseo (casi capricho) de uno de los grandes del cine clásico americano.
Su mirada, respetuosa en todo momento, atiende a un motivo de enorme importancia. En palabras del propio Ray "..este debe ser un film que trate sobre un hombre que quiere encontrarse a sí mismo antes de morir...".
Wenders, en su afán de detener el tiempo con su cámara, ofrece planos largos y parsimoniosos suspendidos en el aire, que dotan al metraje de una atemporalidad y distinción muy adecuada. En un momento del film, nos explica brillantemente su postura ética con un único pero esclarecedor plano. Vemos como el visor de su cámara enfoca un puente neoyorkino con absoluta nitidez, revelando la verdad del momento, sin adornos.
El resto del encuadre, todo aquello que envuelve la cámara, se nos muestra totalmente desenfocado, creando un exquisito contraste. La cámara no engaña a nadie, dice la verdad tal y como es. Ella es la culpable, y no Wenders, de mostrar tanto dolor y realismo en su película.
Asistiremos al último speech de Ray previo al pase de su Hombres Errantes (The Lusty Men,1952) con Robert Mitchum; a cómo los hijos de éste aguardan a su vera el fatal desenlace con extraña paz o como Ray se asusta pero asimila su paso hacia la eternidad, dando una lección sobre la vida y la muerte con pequeños gestos (miradas a cámara, resistiéndose a ser retratado como no merece, manteniendo un discurso coherente con la vida...).

Nicholas Ray, un director mítico.
Todos nos veremos reflejados en la agonia final del maestro, quién más o quién menos, todos compartiremos su dolor y empatizaremos con su última cruzada personal.
Finalmente, y tras 1 mes de ausencia, Wim vuelve a NY, esta vez junto a su mujer, para visitar de nuevo a Ray por última vez. Sus problemas de salud se han agravado y resultan ya determinantes para que todo concluya. Una vida fascinante de uno de los mejores directores de la historia del cine, un luchador incansable que terminó su vida como escogió, haciendo cine.

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