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viernes, 30 de diciembre de 2011

ASESINO INVISIBLE (1977)

Las historias de coches o camiones malditos con (o sin) conductor que persiguen a pobres inocentes hasta matarlos se ha llevado a la gran pantalla en varias ocasiones a lo largo de los años. Un jovencísimo Steven Spielberg con tan sólo 25 primaveras filmó su catapultador "El Diablo Sobre Ruedas" (Duel, 1971) para su directa distribución televisiva, film donde un agresivo y misterioso camionero le hacía la vida imposible a un precipitado conductor en la autopista. En la década de los ochenta, fue el peculiar John Carpenter el que ofreciera su singular versión del asunto con "Christine" (1983), pero en esta ocasión, con un coche clásico de alma diabólica que sembraba el pánico allá por donde pasaba.
Asesino Invisible (The Car, 1977) es una cinta mucho más discreta que fue vapuleada por crítica y público y casi no tuvo repercusión mediática, con lo que estuvo condenada al olvido.
Mi objetivo era poder visionarla para comprobar si era merecida su estela negativa, para salir de dudas definitivamente y tratar de entender el porqué de su etiqueta actual "de culto" que tanto me intrigaba.
En ella, el sheriff Wade Parent (interpretado por un solvente James Brolin) deberá detener a un enorme coche negro sin conductor que se va cobrando muertes a su paso por la ciudad de Santa Ynez, al sur de California.
Un peligroso automóvil de vastas dimensiones que resiste balazos, golpes y cualquier escopetazo que impacte en él, y mostrando además, un comportamiento malévolo de lo más representativo (no pisa terreno sagrado y ese tipo de cosas...).
El arranque de la película deja clara sus intenciones. Dos ciclistas son abordados por el demoníaco vehículo al más puro estilo serie B, con efectos apañados (la visión desde el interior del coche es una lente rojiza) y diálogos sonrojantes (ni os atreváis a verla en castellano, es más terrorífico el doblaje que la película en sí misma).

Si bien no depara demasiadas sorpresas argumentales, que las tiene, sí puedo decir que me ha soprendido en aspectos que no me esperaba, tales como su ambientación musical (excelente), algunas escenas del todo originales (ese alunizaje en casa de Lauren o el extrañísimo acorralamiento en el cementerio) y descarados homenajes a cintas conocidas del séptimo arte, tales como Tiburón, El Exorcista o la citada cinta de Spielberg, de 6 años antes).
Por desgracia, advierte algunos disparates de guión y se permite demasiadas licencias argumentales, que se consiguen perdonar con un visionado acrítico y un enfoque benevolente. Tampoco ayudan esos montajes en cámara rápida que recuerdan más a los shows del llorado Benny Hill que a otra cosa o el desdibujado elenco de personajes secundarios, insuficientes casi todos (el alcohólico, el maltratador o la mujer maltratada...).
Pese a sus molestas y repetidas incongruencias, consigue una atmósfera propia (filmada en las preciosas montañas de Utah) y unos personajes principales carismáticos (donde incluyo al susodicho automóvil de entidad demoníaca), propiciando una estimable cinta a recuperar, pues tiene la virtud de caer en simpatía con el espectador actual, más ducho en estos terrenos y mucho menos susceptible con temas diabólicos que el de otrora.
Animo pues a quién le guste este tipo de propuestas a que no la pase por alto y que le dé una oportunidad, ya que conseguirá satisfacer sus exigencias y encariñarse con ella, por pequeña que esta sea.
A modo de curiosidad comentaré que existe una adaptación del 2010 de este estilo de películas aún inédita en nuestro pais llamada Hybrid (2010), que espero siga oculta para ahorrarnos comentarios indeseados.

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