viernes, 15 de febrero de 2019

DRAGON BALL SUPER: BROLY (2018)

El impacto socio-mediático provocado por el vigésimo filme de Dragon Ball no solo termina de aplacar ciertas dudas sobre la actual vigencia de la franquicia, sino que confirma, e incluso incrementa (sumando las nuevas hordas generacionales), el interés por la continuidad de la obra magna de Akira Toriyama.
Si bien es cierto que durante unos años, quizá demasiados, la serie permitió que se le adulterase con indigestos sucedáneos como Galaxy Touring, cross-overs con sangrantes fines comerciales o incluso ediciones de mangas realizados por aficionados tratando de darle continuidad a la trama, el hecho es que la serie canónica parecía haber tocado fondo.
Sin embargo, principalmente a raíz de la incursión del joven Toyotaro -antes Toyble- imitando el personal trazo adulto, más rectilíneo, del último Toriyama (en versiones no oficiales como Dragon Ball AF), éste lo escogió personalmente para darle el esperado relevo tras su aportación final al manga sobre el patrullero Jaco y esa delicia de capítulo especial llamado Minus, ya que aportaba la energía, talento y pasión necesarias como para avanzar la historia con garantías, y esta vez sí, bajo la supervisión de su autor original.
Mientras tanto, a modo de tanteo comercial, se estrenaron sendos proyectos para valorar la respuesta actual del público para con la serie; primero con la irregular aunque aceptable "Batalla de los Dioses" (2013) y años más tarde con una más que interesante "Fukkatsu no F" (2015) ya con guión del propio Tori, y que dieron finalmente luz verde al nuevo proyecto.
Así pues, a mediados de 2015 comenzaría a emitirse el nuevo anime, titulado "Super", narrando nuevos arcos argumentales dentro del canon, para meses después arrancar la publicación del primer tomo manga de esta nueva generación, con Toriyama inmerso en la historia y la rotulación a cargo del joven mangaka Toyotaro.

El Rey Cold presentando a su hijo ante un impotente Rey Vegeta.
Kakarotto, en una incubadora doméstica, ante la mirada de sus padres, Bardock y Gine.
Terminada la primera, y muy rentable fase de Super, se propuso una película de mayores dimensiones, que prolongara lo sucedido en el anime y recuperara a uno de los personajes más emblemáticos del Dragon Ball no canoníco, el atormentado saiyan Broly.
Es así como nace esta entrega, la más rentable de todas las existentes, y que ha invadido recientemente las pantallas internacionales batiendo récords a su paso. Gran noticia para el fan, sin duda. Fantástica para la Toei Animation, a fin de cuentas.
Se dice que el guión original que planteaba el maestro Toriyama ocupaba alrededor de 180 minutos, algo inasumible a nivel comercial (de momento, claro, pues todo se andará), y que finalmente se redujo a 100, siendo de igual modo la más larga de la franquicia hasta la fecha.
Planteada en dos claros tiempos narrativos (un flashback de hace 41 años y el posterior e inevitable enfrentamiento en la actualidad), el film de Tatsuya Nagamine trasciende, eleva e incluso actualiza la serie llevándola a otro nivel, diferente si se quiere.
Su personal impronta, que ya disfrutamos en algunos capítulos dentro del "Torneo de la fuerza", posee nervio y personalidad, quizá adquirida por haber orquestado previamente episodios de One Piece, pero que sientan de maravilla a una renovada y muy viva Dragon Ball, ahora más orgánica, plástica y de contornos más juveniles.

Chili junto a Broly y Lemo, tras la trifulca en el comedor.
Broly en modo furia, como de costumbre.

Los primeros tres cuartos de hora, con el Rey Cold presentando a su hijo Freezer como nuevo emperador, la trama en torno al miedo y frustración del Rey Vegeta, el dolor emocional y espantoso destino de Paragus y su hijo, la desaparición del planeta Vegeta, la salvación in extremis de Kakarotto, además de la casi extinción de la raza saiyan son una auténtica maravilla, unos sucesos por fin plasmados con el beneplácito de Toriyama y que cierra el debate de una vez por todas.
La historia vital tras el iracundo personaje de Broly, hijo de Paragus y auténtico protagonista de la cinta, pese a verse enriquecida merced a ciertos apuntes sobre su atormentada psicología y desvelados sus duros traumas (excesivamente planos en sus 3 apariciones previas), no llega a convencer del todo, pues a pesar de mostrar síntomas de comprensión sobre el valor de la amistad y crear vínculos afectivos diversos, sigue siendo de nuevo un pelele descontrolado que hace las veces de sparring para el dúo protagónico Gokuh-Vegeta y que obedece a su padre como si de un adolescente se tratara (que no sería el caso).
Su naturaleza salvaje y fuerza inusitada hace pensar que es él el legendario Super Saiyan, pero ese es un tema que no se atreven a zanjar aquí, quizás en perspectiva de ahondar más adelante, incluyendo su personaje en futuras entregas (o con suerte, bien encajado en el anime canónico).
El enfrentamiento final, muy esperado por el fan de nueva hornada, nos trae una de cal y una de arena. Por un lado, ocupa demasiados minutos, tornándose más agotadora que de costumbre -que ya es decir-, no propone apenas novedades interesantes sobre técnicas marciales (todo son orangutanadas) y lo que es peor, no hay un motivo lógico en esta lucha más allá del deseo de venganza ya caduco de un viejo, desquiciado y chocho Paragus. Además, ciertas incongruencias argumentales nos obligan a dar más "cancha" de la debida (¿un único deseo a Shenron?).

Nunca viene mal algo de picante, como el chili...

Vegeta en modo God, en un momento álgido de la cinta.

Gokuh pidiendo tanda.

Por contra, ofrece un nuevo panorama visual hasta ahora inédito. Un despliegue de recursos plásticos emocionantes, movimientos ultra suaves con transiciones mejoradas y un complejo compendio sonoro con ecos al rock (con un tema central magnífico), que convierten este combate en uno de los más psicodélicos y caleidoscópicos de cuantos haya tenido la franquicia a lo largo de sus más de 30 años de existencia. Algo digno de aplaudir, que sorprende y que sin duda marca una progresión dentro del nivel medio de realizaciones hasta la fecha.
El mero hecho de no caer en lo fácil, en el corta y pega de costumbre, de no recurrir al aún embrionario pero muy tentador Migatte no gokui (traducida como "doctrina egoísta") u otras técnicas más o menos gratuitas (como aquel invento del puño del dragón), además de procurarnos un desenlace final bastante original, nuevos personajes con gracejo y un combate épico entre Broly y Vegeta, el film a cargo de Nagamine atisba nuevos y esperanzadores horizontes, abriendo sendas inexploradas para devolver a la serie un nuevo vigor, oxigenándola, adaptándola, en definitiva, rejuveneciéndola sin mancillarla.

Broly desatado, un imparable saiyan con necesidad urgente de terapia.

Gogeta en Blue, aparentemente el guerrero definitivo.

"Dragon Ball: Broly" pues, no solo pasa con nota el duro test en taquilla y obtiene el calor unánime del fan, que aplaude un nuevo y valiente episodio entre nostálgico y próspero, sino que contribuye y enlaza con el arco actual de la serie, fluyendo a todos los niveles.

Como es costumbre, termino haciendo un alto en el camino para repasar la etimología propia de los personajes aún inéditos en mis análisis.Comenzaré por los nuevos saiyans:
- La madre de Gokuh, de nombre "Gine" (vista ya en el mini manga Minus) proviene del término "aubergine" en inglés, o sea, "berenjena".
- La médica "Nion", de onion, cebolla.
- Kale y Caulifla son "Col rizada" y "Coliflor" respectivamente.
- El acompañante de Paragus en la nave se llama "Beets", de remolacha en inglés, Beet.
- El compañero de Bardock, "Leek", significa literalmente "puerro" en inglés.
- "Taro", el saiyan de bigote que les da la bienvenida, es un tubérculo que suele florecer en arrozales (aunque quizás obedezca a alguna broma de orden interno entre los componentes del equipo de realización, pues Tarou suele ser muy común en Japón).
Los dos outsiders que llegan al planetoide Vampa son "Remo" (o Lemo), obviamente de "Limón", y Chirai (o Chili), de Lichi.
Del ejército de Freezer tenemos a "Berryblue" (de blueberry, o arándano azul) y el científico Kikono (de Kinoko, o seta).
Y aunque breve, la presencia de "Jiren" me invita a aclarar que su nombre probablemente provenga de la fonética china para describir la flor de loto, aunque hay diversas teorías, algunas bastante graciosas por cierto.

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